El gobernador de la Región Metropolitana, Claudio Orrego, en entrevista con La Tercera, abordó en profundidad el reciente revés judicial que sufrieron los consejeros regionales del Partido Republicano que buscaban removerlo de su cargo. Apuntando directamente a los impulsores de la iniciativa, la autoridad acusó a la tienda política de promover prácticas que dañan la institucionalidad. “Yo creo que eso destruye el país, destruye la confianza en la democracia”, sentenció al referirse a la política de descalificaciones y al trato de enemigos.
Sobre la ofensiva de los republicanos, acusó una maniobra carente de sustento legal que buscaba anularlo por secretaría: “Aquí no se pidió, insisto, ni antecedentes, ni investigación, se pidió la destitución, que es la pena capital en política”, agregando que “cuando 10 instancias distintas dicen que no hay ningún fundamento, dan evidencia de que lo que hubo aquí fue una operación política”.
Orrego enfatizó que la estrategia de los representantes republicanos intentó construir una imagen ilícita de su gestión, lo cual fue desestimado por diversas instituciones y por los 24 ministros de la Corte de Apelaciones. “Ningún antecedente serio, puras elucubraciones y puras imputaciones falsas”, remarcó. Frente a las críticas por los servicios de coaching, fue categórico y apuntó a la intención comunicacional de sus detractores: “¿Y saben lo que dijo la Contraloría, la Fiscalía y el Servel? Que eso era un contrato de coaching (…) Ese ha sido el predicamento de los republicanos y creo que, insisto, eso no me daña solamente a mí, daña a la política. Miente, miente, que algo queda”.
Pese a su defensa administrativa, el exintendente no esquivó la autocrítica al evaluar los procedimientos en la entrega de fondos. Reconoció tener páginas de aprendizajes y admitió que, aunque la normativa de la época lo permitía, “entregar los fondos a las fundaciones en una sola cuota (…) yo no lo volvería a hacer”. El gobernador sinceró que “el riesgo era demasiado alto y si bien 85 fundaciones cumplieron, basta que una no haya cumplido para darnos cuenta que esa no era una buena manera de hacerlo”.
El proceso judicial no solo tensionó su agenda política, sino que golpeó fuertemente a su círculo íntimo tras un año y medio de cuestionamientos. “Yo tuve que reunir a mis hijos (…) y decirles que se venía esta solicitud de desafuero y que la detención era una de las posibles consecuencias”, confesó Orrego, lamentando que quienes realizan este tipo de “triquiñuelas políticas” ignoran el profundo daño que causan al entorno familiar.
A modo de reflexión final, la autoridad metropolitana envió un mensaje directo a los personeros republicanos: “En política las diferencias hay que resolverlas en las urnas, no por secretaría. Y si ellos quieren ser gobernador de Santiago, van a tener que concursar”. Descartando cualquier tipo de rencor o venganza, Orrego garantizó su continuidad en la vida pública: “Si algunos creían que me iban a poder doblegar y derrotar y paralizar, pues bien, lamento decirles que hay Orrego para rato y que de esta crisis he salido completamente fortalecido”.
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