Hay historias que permanecen abiertas en las imágenes. Fotografías que, más allá de capturar un instante, conservan las huellas de una época y permiten volver sobre aquello que el tiempo, el silencio o el olvido amenazan con borrar. En el trabajo de Rodrigo Rojas de Negri, la fotografía constituye tanto una expresión artística como un registro de las experiencias individuales y colectivas que marcaron a Chile durante la dictadura civil-militar.
A 40 años del caso Quemados, parte de ese legado encontró un lugar definitivo en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de la Universidad de Chile. La institución incorporó oficialmente a su colección permanente 40 fotografías del joven artista, quien tenía 19 años cuando fue atacado por efectivos militares el 2 de julio de 1986, durante una jornada de protesta contra la dictadura. Rojas de Negri murió producto de las graves quemaduras, mientras que Carmen Gloria Quintana sobrevivió con lesiones de extrema gravedad.
Las obras formaron parte de la exposición “Rodrigo Rojas de Negri: Un exilio sin retorno“, presentada en 2013 en la sede de Quinta Normal del MAC. Desde entonces, permanecieron en el museo bajo la modalidad de comodato y circularon por distintas muestras, hasta que se concretó su incorporación definitiva al acervo institucional. La donación, impulsada por la voluntad de su madre, Verónica de Negri, busca contribuir a la conservación, investigación y difusión de una producción fotográfica cuya dimensión artística se encuentra estrechamente vinculada con la memoria del país.
Durante la actividad, el decano de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, Fernando Carrasco, abordó la emoción que acompaña este gesto y la responsabilidad de las instituciones públicas frente a la preservación de la historia. Para la autoridad universitaria, recibir este legado implica asumir un compromiso que trasciende la conservación material de las obras.

“Es un momento de mucha emoción escuchar el testimonio de la madre sobre su hijo, quien desde muy pequeño se inició en la fotografía, en el arte de la fotografía”, sostuvo Carrasco, quien también se refirió al significado de su muerte y al papel que deben desempeñar las instituciones culturales en la defensa de la memoria colectiva.
“Conocer este final trágico nos pone, como entidad pública, en una situación muy importante: ser parte de la cadena de instituciones que luchan por restablecer y restaurar nuestra memoria”, afirmó el decano. En esa línea, advirtió que el país atraviesa un escenario complejo, “en el que se quiere borrar nuestra historia”.
La incorporación de las fotografías adquiere así un significado que no se agota en el ingreso de nuevas piezas a una colección artística. También abre preguntas sobre la manera en que se resguardan los registros de la violencia política, se transmiten las experiencias del pasado y se construyen espacios para que las nuevas generaciones puedan aproximarse a ellas.
Para Verónica de Negri, la permanencia de las imágenes en el MAC representa precisamente una oportunidad para ampliar la lectura del trabajo de su hijo. Su producción, planteó, no puede comprenderse únicamente desde el episodio que terminó con su vida, sino también desde las experiencias de quienes vivieron el exilio y debieron reconstruir sus vidas fuera de Chile después del golpe de Estado.

“No se trata solo de resguardar la historia de Rodrigo, sino también de preservar parte de lo que significó el trabajo interno y externo de los chilenos durante la dictadura”, señaló. La madre del fotógrafo recordó que su obra no se limita a lo ocurrido en territorio nacional, sino que también se relaciona con “lo que ocurría con quienes habían sido expulsados o tuvieron que irse después del golpe de Estado y durante la dictadura civil-militar”.
En sus palabras, la decisión de entregar las fotografías a la colección del museo contiene, además, una expectativa hacia el futuro. No basta con conservar las imágenes. También es necesario mantenerlas disponibles para su estudio, discusión y circulación pública. De Negri planteó que este legado debe permanecer en un espacio capaz de reconocer la historia y proyectarla hacia las generaciones venideras.
“Para mí, este es el lugar donde deben estar estas obras: un espacio que no niegue la historia y que permita proyectarla hacia el futuro, para que esas cosas no vuelvan a pasar”, sostuvo. Luego, con una reflexión que apuntó a la distancia entre las declaraciones y las acciones concretas en torno a la memoria, agregó: “Nos gusta mucho decir eso, pero no queremos hacer el trabajo. Y yo creo que Rodrigo hoy está muy contento”.

Desde el MAC, su director, Daniel Cruz, destacó que la incorporación definitiva permitirá que las fotografías se integren a nuevas líneas de investigación y dialoguen con las obras que forman parte de la colección del museo. El objetivo es que el conjunto no permanezca únicamente como testimonio de una época, sino que continúe generando preguntas y lecturas desde el presente.
“Estas obras van a ingresar en diálogo con todas las que tenemos dentro de nuestro acervo. Vienen a abrir nuevas conversaciones”, explicó Cruz.
Asimismo, señaló que su incorporación permitirá avanzar en investigaciones y futuros proyectos de la colección, además de abrir espacios para la discusión crítica en torno a la producción visual de Rojas de Negri y al conjunto de obras que la acompaña.
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