La vimos en el centro y de inmediato nos pasó por la mente el recuerdo de verla sentada frente a su carro en calle Coimas, a pasos de Merced. Le seguimos los paso hasta encontrarla sentada en uno de los bancos de la Plaza de Armas. Estamos hablando de Marta del Pilar Estay Astudillo.

Oiga señora Marta, cuéntenos, usted tiene una historia aquí en San Felipe, porque se inició en un carro en calle Coimas al llegar a Merced.

– Sí, Coimas con Merced, yo tenía un carrito ahí, primero de la municipalidad me lo arrendaban después, con las boletas junté y me compré el carrito que lo tengo en la casa para venderlo, en eso estoy ahora.

Pero cuéntenos cómo surge instalarse ahí con ese carro en Coimas.

– Primero yo vendía dulces de La Ligua ahí y la señora Ema García, había un carro desocupado que estaba ahí mucho tiempo, y ella me conocía a mí, cuando me fue a ver, yo vivía en Aguas Claras, y vino me dijo «hay un carro desocupado, ¿está en condiciones como para pagar un permiso?». Le dije «haré todo lo posible para pagar, ¿es mucho?». «No es mucho, pero tiene que pagar mensual». «No hay problemas», le contesté. Así fue creciendo mi historia, a Dios gracias la gente se portó bien, los vecinos aquí la gente me ayudaba, vendía harta ropita, de todo un poquito, después me dijeron que tenía que vender pura ropa nomás, no dulces de La Ligua, porque no podía tener dos patentes, así es que en eso me quedé con el carrito. A Dios gracias el carrito lo tengo en mi casa, fui juntando por las boletas y me dijeron qué podía hacer con las boletas y yo les dije sí me alcanzaba para comprar un carrito y me dijeron que sí, que podía comprar. Y un caballero me lo hizo, por el mismo lugar donde estaba el carrito se lo llevé al caballero para allá y él le sacó una foto y compramos todos los materiales y ahí se hizo mi carrito, a Dios gracias estoy muy contenta porque la municipalidad se portó muy bien con el permiso al día iba yo y mi carro, tenía patente también, así es que con el favor de Dios. Después como se puso tan malo, yo me quebré la rótula de la rodilla y luego me volví a caer y me volví a operar otra vez, entonces mi marido me dijo que no viniera más a trabajar porque se me hinchaba mucho la pierna, la rodilla al pisar me dolía. Así que esta es la historia mía.

Recién conversábamos que la pandemia también la perjudicó, porque tenía que pagar  2.500 para allá, para acá y no vendía nada, a veces vendía para el pasaje nomás.

– Para el pasaje nomás y a veces. Ahí una señora linda me prestaba plata para irme porque no hacía ni para el pasaje, así es que gracias a mí Dios que se portaron bien la gente. Yo les agradezco a todos los que me compraban, de Santa María, Putaendo, Almendral, de todos lados, y si se me ha olvidado alguien, que me disculpen porque para nombrar tanta gente a veces se olvida uno.

Pero usted señora Marta es un personaje en San Felipe. Era una persona tradicional de calle Coimas llegando a Merced. ¿Echa de menos el trabajar?

– Mucho… trabajar… mucho lo echo de menos, a veces lloro porque todavía tengo ‘ropita’ nueva, fíjese que no la vendí, no salí de ella y ahí la tengo.

¿Cómo está la salud, bien?

– Bien he estado, con el favor de Dios resfriada, pero he estado bien con el favor de Dios.

¿Algo más que agregar para esta entrevista?

– A mí maridito René que se ha portado bien conmigo, me lleva a todos lados ya que no puedo andar sola, a veces me doy porrazos así es que le doy gracias a Dios, a él que se ha portado muy bien conmigo y a mi hija, hijo.

¿Cuántos hijos tiene señora Marta?

– Dos, tengo una hija que es carabinera, capitán cuando yo fui a ponerle la jineta. Me invitó ella para que fuera y ya le faltan dos años para jubilar con el favor de Dios y mi hijo, él trabaja haciendo casas.

¿Cómo se llaman ellos?

– Marco Antonio Estay y Elizabeth Alejandra Yáñez Estay, mi hija que es la mayor, ‘Marquito’ viene después, así es que contenta señor, contenta, mis hijos, estoy contenta señor y a ustedes señores del Diario El Trabajo por acordarse de mí.

La dejamos sentada junto a su marido.

Marta junto a su marido René, sentados en la Plaza de Armas de San Felipe.

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