Teté Alarcón: La voz que resguarda la memoria del valle
En el corazón del Valle del Aconcagua, donde la tierra guarda historias antiguas y el viento parece susurrar cantos de otros tiempos, hay voces que no solo cantan: sostienen memoria, identidad y raĆz. Una de ellas es la de TetĆ© Alarcón, cantora que ha hecho de su camino un acto profundo de amor por la tradición.
Su historia no comienza en los escenarios, sino en la infancia, en ese impulso natural de cantar, de sentir la música como un lenguaje propio. Con los años, su voz fue tomando forma en festivales de música popular, hasta que en 2011 dio un giro hacia el folclor chileno, integrÔndose a diversas agrupaciones del valle. Fue ahà donde su canto encontró un propósito mÔs profundo: resguardar y dar vida a una tradición que no siempre ha sido comprendida ni valorada.
Ser cantora en el Valle del Aconcagua -como ella misma lo expresa- es un privilegio, pero también un camino de esfuerzo y convicción. DetrÔs de cada presentación hay horas de estudio, ensayos y una preparación consciente para honrar espacios tan significativos como una trilla o una misa a la chilena. Su canto no es improvisación: es dedicación, respeto y compromiso con una herencia viva.
Aunque no tenga certeza de cantoras en su linaje familiar, reconoce en su madre y en su abuela la raĆz de su expresión artĆstica. Mujeres que, desde otros lenguajes, ya llevaban el arte en la sangre. Hoy, esa herencia se expande tambiĆ©n en su propia historia, al compartir este camino junto a su hija, dando vida al proyecto āMiel y sus Trinaresā, donde la tradición se vuelve puente entre generaciones y el canto florece desde el vĆnculo, la ternura y la memoria.
Sin embargo, el camino no ha sido fĆ”cil. Como muchos artistas locales, TetĆ© ha enfrentado la realidad de un arte que muchas veces no es valorado como deberĆa, donde sostener el oficio implica persistencia, amor y una profunda conexión con el sentido de lo que se hace. Aun asĆ, su canto sigue en pie, firme, como una raĆz que no se arranca.
En el marco del DĆa Nacional de las Cantoras, su voz se alza tambiĆ©n como un recordatorio: aĆŗn queda mucho por visibilizar y reconocer. En el valle, muchas veces esta tradición se percibe como algo pasajero, sin comprender la profundidad cultural que habita en ella.
Porque el canto de las cantoras no es solo música. Es emoción pura. Son historias intensas que hablan de amor, desamor, tierra y vida. Es un desahogo que se vuelve arte, una verdad que se canta para poder ser dicha. Es un lenguaje que conecta con lo mÔs profundo del alma.
A las nuevas generaciones, TetĆ© les extiende una invitación abierta: a ir mĆ”s allĆ” de lo conocido, a descubrir esta Ā«otra ramita del Ć”rbol del folclor chilenoĀ», donde habita un mundo de sabidurĆa, entrega y belleza.
Y a la comunidad del Valle del Aconcagua, su mensaje es claro y necesario: escuchar a las cantoras chilenas de raĆz es abrirse a una experiencia artĆstica delicada, simple y profundamente significativa.
Hoy, mƔs que nunca, reconocer a las cantoras es tambiƩn reconocernos a nosotros mismos. Porque en sus voces no solo vive el pasado: tambiƩn late el presente y se proyecta el futuro de nuestra identidad.


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