Mientras en Francia las masivas manifestaciones siguen aumentando en intensidad, el descontento social comienza a extenderse por buena parte de Europa. Durante las últimas semanas, países como Bélgica, Italia, Portugal, Alemania, Austria y Albania han registrado importantes movilizaciones, aunque con distintos niveles de participación y violencia.

Las demandas también son diversas, desde el rechazo a los recortes presupuestarios hasta la crisis de vivienda, el deterioro de los servicios públicos y el aumento del gasto militar. Sin embargo, detrás de las protestas en distintos países, hay elementos comunes que reflejan un malestar cada vez más extendido entre las nuevas generaciones europeas y a nivel global.

Francia continúa siendo uno de los principales focos de tensión. Los disturbios del último fin de semana alcanzaron París, Marsella, Burdeos y otras ciudades, con saqueos, incendios y daños en edificios públicos. Entre los episodios más graves figura el incendio del ayuntamiento de Limoges.

La violencia dejó unas 2 mil 400 detenciones y llevó al ministro del interior, Laurent Nuñez, a ofrecer su dimisión, que el presidente Emmanuel Macron rechazó. El primer ministro, Sébastien Lecornu, reconoció este lunes que el país enfrenta un problema de enormes proporciones, tras decretar el toque de queda en diversos puntos del páis.

Movilizaciones en Francia. Foto: Europa Press.
Movilizaciones en Francia. Foto: Aton/Europa Press.

La crisis comenzó semanas atrás en establecimientos secundarios de la periferia parisina, donde los estudiantes reclamaron por el deterioro de las escuelas, la falta de profesores y sus perspectivas laborales. Desde entonces, las protestas acumulan más de 6 mil detenciones.

En menos de un mes, el movimiento consiguió convocar a más de medio millón de personas en 110 manifestaciones. Una cifra superior a las primeras jornadas de los chalecos amarillos de 2018, aunque inferior a las grandes protestas contra la reforma de pensiones de 2023. Nuevas movilizaciones y huelgas amenazan con prolongar la crisis.

De Francia al resto del continente

Pero el descontento también se extiende a Bélgica, donde estudiantes y sindicatos rechazan el programa de ajustes del gobierno de Bart De Wever. El Ejecutivo pretende recortar unos 10 mil millones de euros hasta 2029, en un país cuya deuda pública supera el 108% del producto interno bruto. El 9 de octubre, entre 30 mil y 50 mil personas marcharon en Bruselas, mientras que nuevas manifestaciones estudiantiles dejaron cerca de 200 detenciones entre la capital y Lieja. Los sindicatos rechazan modificaciones a los salarios y aumentos del IVA, y advierten sobre una posible huelga general en noviembre.

En Italia, estudiantes y trabajadores salieron a las calles el 16 y 17 de octubre en Roma, Milán, Turín, Bolonia, Génova, Florencia y Nápoles, bajo la consigna “No Meloni Day”. Las principales demandas incluyen medidas frente al encarecimiento de combustibles, alquileres y servicios básicos, además de la recuperación del poder adquisitivo de los salarios. También cuestionan el aumento del presupuesto militar mientras persisten dificultades para financiar educación y salud. La primera ministra, Giorgia Meloni, condenó los episodios de violencia y exigió una respuesta similar de la oposición. Mientras tanto, los sindicatos preparan una huelga general para el 20 de noviembre.

En la península ibérica, las manifestaciones presentan características diferentes. Tanto en España como en Portugal, la crisis de vivienda constituye uno de los principales motivos del descontento. La expansión de los alojamientos turísticos, la inversión inmobiliaria y el encarecimiento de los alquileres han aumentado las dificultades para acceder a una vivienda. Los movimientos de inquilinos cuestionan la insuficiencia de las respuestas gubernamentales, especialmente en ciudades como Madrid, Barcelona, Lisboa y Oporto, donde independizarse resulta cada vez más difícil incluso para quienes cuentan con empleo.

Archivo - Protestas en la Puerta del Sol de Madrid en mayo de 2011. Foto: Wikimedia Commons.
Archivo – Protestas en la Puerta del Sol de Madrid en mayo de 2011. Foto: Wikimedia Commons.

Alemania registra una dinámica distinta. Las protestas comenzaron principalmente entre estudiantes secundarios que rechazan la modernización del servicio militar y los mecanismos que podrían facilitar un futuro reclutamiento. Más de 45 mil estudiantes participaron en una jornada nacional en unas 100 ciudades el 25 de septiembre. Las organizaciones movilizadas también cuestionan el aumento del presupuesto de defensa mientras persisten necesidades en educación e infraestructura. Hasta ahora, las manifestaciones han mantenido un carácter mayoritariamente pacífico y han conseguido respaldo de organizaciones docentes.

En Austria, las movilizaciones se concentran en la educación superior. Estudiantes, profesores y autoridades universitarias protestan contra los ajustes presupuestarios, el congelamiento de contrataciones y el deterioro de las condiciones de enseñanza. El conflicto se intensificó tras conocerse una reducción real del presupuesto universitario cercana al 10%. Para este jueves 22 de octubre está convocada una nueva manifestación nacional en Viena, con participación de las propias autoridades académicas.

Sin embargo, uno de los escenarios más intensos se encuentra en Albania, donde las protestas ya se han convertido en una verdadera insurrección civil contra el gobierno. Las acusaciones de corrupción, los procesos judiciales contra dirigentes opositores y las controversias por proyectos turísticos e inmobiliarios han intensificado el rechazo al gobierno del socialista, Edi Rama.

“La batalla de Tirana”, así ha calificado la prensa local a los desmanes en la capital del país. Las manifestaciones derivaron en ataques con bombas incendiarias a edificios gubernamentales, destrucción de vehículos y enfrentamientos con la policía. La oposición acusa al Ejecutivo de utilizar la justicia contra sus adversarios y llama a ampliar las acciones de desobediencia civil.

El balance supera los 200 heridos durante la última semana, entre manifestantes, policías y periodistas. Pero el conflicto también incorporó demandas estudiantiles y cuestionamientos por el encarecimiento de la vida, la precariedad laboral y la emigración como única alternativa para construir un futuro. Así, una crisis política terminó por articular un descontento social mucho más amplio.

Enfrentamientos entre la policia y manifestantes en Tirana, la capital de Albania
Enfrentamientos entre la policia y manifestantes en Tirana, la capital de Albania.

Ahora bien, todos estos movimientos tendrán una fecha importante en el calendario. El próximo 20 de noviembre. Para esa jornada, distintas organizaciones preparan movilizaciones bajo la consigna; “Luchemos por nuestro futuro, no por sus guerras”. La convocatoria busca vincular las demandas por educación, vivienda y empleo con el rechazo a la austeridad y al incremento del gasto militar.  Aunque todavía no existe un movimiento europeo unificado, esta jornada podría demostrar hasta qué punto las protestas nacionales consiguen articularse internacionalmente.

La promesa incumplida y una economía sin margen de respuesta

Detrás de esta diversidad aparece una dimensión generacional. Muchos jóvenes de la “generación z ”cuentan con mayores niveles educativos y acceso a información que sus padres, pero eso no necesariamente les garantiza empleos estables, independencia económica o acceso a la vivienda. Se trata de una crisis de expectativas. La promesa de que estudiar, trabajar y esforzarse permitiría construir una vida que materialmente ya no es una realidad. Un malestar que también encuentra similitudes con protestas de años anteriores en América Latina y Asia.

Los indicadores ayudan a comprender esta situación. Según datos del Banco Mundial y el FMI, en agosto el desempleo de menores de 25 años alcanzó el 15,4% en la Unión Europea, frente al 6,1% general. Además, durante 2025, el 24,2% de los jóvenes entre 15 y 29 años estuvo en riesgo de pobreza o exclusión social, mientras que un 26,9% vivió en hogares hacinados. Es decir, el problema no es solamente encontrar trabajo, sino disponer de ingresos suficientes para construir un proyecto de vida.

Sin embargo, pensar en una respuesta a las demandas es especialmente compleja. El FMI proyecta un crecimiento de apenas un 1,1% para la zona euro durante 2026, mientras persisten las presiones inflacionarias y las dificultades fiscales. A ello se suma un nuevo escenario geopolítico que aumenta los riesgos financieros y empuja a los estados a aumentar el gasto en defensa.

En 2025, Donald Trump presionó para que los países de la OTAN elevarán el gasto en defensa y seguridad hasta el 5% de su PIB para 2035, compromiso que incluye inversiones militares, infraestructura y otras capacidades de seguridad.

Los gobiernos europeos justifican estas prioridades por la guerra en Ucrania, la amenaza rusa y la necesidad de reducir su dependencia de Estados Unidos. Sin embargo, buena parte de los movimientos cuestiona que se destinen mayores recursos a defensa mientras persisten carencias en educación, vivienda y protección social. Además, los conflictos en Medio Oriente han provocado nuevas presiones sobre los precios de la energía, con consecuencias directas sobre el costo de vida.

De esta manera, Europa enfrenta una combinación particularmente compleja. Sociedades que demandan mayores oportunidades y protección social, mientras sus gobiernos disponen de márgenes económicos cada vez más estrechos y deben atender nuevas exigencias geopolíticas. La incógnita es si estas manifestaciones seguirán como conflictos nacionales relativamente aislados o si las convocatorias del próximo 20 de noviembre marcarán el comienzo de una articulación social de mayor alcance.

La entrada De Francia al resto de Europa: crece la ola de movilizaciones por el costo de la vida y oportunidades se publicó primero en Diario y Radio Universidad Chile.