A cuatro días de la segunda vuelta presidencial en Brasil, la disputa entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro entra en su momento más tenso. La distancia en las encuestas continúa estrechándose, mientras nuevas denuncias judiciales, controversias sobre las plataformas digitales y enfrentamientos personales marcan la recta final de una de las elecciones más importantes de la región y del mundo este 2026.
Ambos candidatos buscan imponerse el próximo domingo 25 de octubre, en medio de una polarización que también comienza a poner a prueba a las instituciones electorales.
La judicialización del proceso electoral
Una de las características más llamativas de esta campaña es que la polarización no se ha limitado al discurso político. Las denuncias y la judicialización se convirtieron en una herramienta central de ambas candidaturas.
Según el propio Tribunal Superior Electoral, durante los nueve días posteriores a la primera vuelta se registraron 162 acciones relacionadas con propaganda electoral y derechos de réplica, frente a solamente 51 durante el mismo período de 2022. Es decir, un incremento superior al 217%.
La situación llegó a tal punto que el presidente del tribunal, Kassio Nunes Marques, convocó el 13 de octubre a los representantes jurídicos de ambas campañas para intentar reducir los litigios. La autoridad advirtió que esta acumulación de demandas puede terminar restringiendo el debate político y provocando decisiones contradictorias dentro de la propia justicia electoral. Pero lejos de disminuir, las controversias adquirieron una nueva dimensión durante esta semana, cuando ambas candidaturas recurrieron a acciones que buscan incluso la anulación de la fórmula presidencial adversaria.

Por una parte, la campaña de Lula presentó una acción contra la candidatura de Flávio Bolsonaro por supuesto beneficio electoral derivado de la manipulación de los algoritmos de redes sociales, especialmente las de Meta, empresa propietaria de Instagram, Facebook y WhatsApp, así como la de su modelo de inteligencia artificial.
La controversia tomó fuerza después de que una investigación de Folha de S.Paulo revelara comunicaciones internas de trabajadores de la compañía que reconocían restricciones sobre las cuentas del oficialismo, mientras determinados sistemas recomendaban contenidos vinculados a Bolsonaro.
Entre las irregularidades aparecieron dificultades para promocionar publicaciones de Lula, problemas para encontrar su perfil mediante búsquedas en Instagram e incluso recomendaciones de canales bolsonaristas cuando los usuarios buscaban espacios de apoyo al presidente en WhatsApp. La denuncia también alcanzó a las herramientas de inteligencia artificial de Meta, que permitían generar determinados contenidos favorables a Flávio, pero rechazaban solicitudes equivalentes sobre Lula. La empresa reconoció fallas técnicas, aunque negó cualquier favoritismo político deliberado.
El organismo judicial electoral intervino y exigió garantizar condiciones equitativas entre los candidatos, bajo amenaza de multas económicas. Meta informó el martes que adoptó 17 medidas correctivas, entre ellas revisiones humanas de restricciones automáticas sobre la publicidad electoral. Sin embargo, este miércoles la justicia concedió otras 24 horas al Ministerio Público electoral para evaluar las medidas de la compañía.
El caso refleja una dificultad creciente y una realidad. Las plataformas privadas tienen un poder extraordinario sobre la circulación de los mensajes políticos, mientras las autoridades intentan supervisar sistemas cuyo funcionamiento resulta poco transparente.
Pero Flávio Bolsonaro tampoco se quedó atrás. El martes 20 de octubre acudió al mismo tribunal para solicitar la anulación de la fórmula integrada por Lula y su vicepresidente, Geraldo Alckmin. La denuncia acusa al gobierno de utilizar recursos públicos y datos personales para difundir masivamente mensajes de WhatsApp sobre programas sociales, entre ellos Bolsa Família, Gás do Povo y Luz do Povo. La acción también incluye al ministro de comunicación, sidônio palmeira, y solicita medidas que podrían derivar en la inhabilitación electoral de los responsables.

La controversia adquirió relevancia después de que CNN Brasil documentara que el gobierno continuó enviando comunicaciones mediante su cuenta oficial GovBR durante el período de restricciones electorales. Estos mensajes comenzaron antes de la campaña e incluyen información sobre beneficios y servicios públicos. La dificultad está en determinar cuándo una notificación gubernamental legítima se transforma en propaganda electoral.
Hasta ahora no se ha demostrado que las bases de datos estatales se entregaran a la campaña de Lula ni que existiera una utilización electoral ilegal de esa información.
Por tanto, más allá del resultado de ambas denuncias, el problema es institucional. El tribunal debe garantizar que ninguna candidatura reciba ventajas indebidas, pero también evitar que las acusaciones se conviertan en mecanismos para desacreditar anticipadamente los resultados. Si la elección termina con diferencias pequeñas, las controversias actuales podrían alimentar nuevos cuestionamientos sobre su legitimidad, especialmente en un país que todavía enfrenta las consecuencias de la polarización de 2022.
El enfrentamiento al terreno personal
Esta confrontación también se trasladó al terreno personal el domingo 18 de octubre, durante el primer debate cara a cara entre Lula y Flávio Bolsonaro, organizado por la cadena Band ante unos 5,4 millones de espectadores. Durante más de dos horas, las acusaciones de corrupción, las referencias a investigaciones judiciales y las provocaciones desplazaron buena parte de las propuestas programáticas.
Flávio cuestionó las investigaciones que afectan al hijo del presidente, mientras Lula respondió con el caso Banco Master y las controversias sobre el financiamiento de una película dedicada a Jair Bolsonaro.
Lula llegó a desafiar a Flávio a abrir sus antecedentes bancarios y telefónicos, junto con los de sus respectivas familias, cuando este le cuestionaba por sus relaciones con casos de corrupción. El martes formalizó la propuesta ante la justicia electoral, condicionada a que Flávio aceptara hacer lo mismo. El gesto tiene un trasfondo importante. Lula intenta disputar al bolsonarismo el discurso anticorrupción que durante años perjudicó al Partido de los Trabajadores.

El momento más viral de la jornada fue cuando Bolsonaro cuestionó a Lula por sus resultado entre privados de libertad y el candidato del PT, contestó que buscaba tener la representación completa, incluida la de su padre, Jair.
Las encuestas: Lula se acercaría, pero no le alcanzaría
No obstante, las primeras evaluaciones cualitativas tras el debate, sugieren que el enfrentamiento tampoco consiguió convencer claramente a los votantes más indecisos.
La investigación de Quaest publicada este miércoles sitúa a Flávio Bolsonaro con el 45% de las preferencias frente al 44% de Lula. Una semana antes la distancia era de dos puntos, con 46% y 44%, respectivamente. Al considerar únicamente los votos válidos, la diferencia queda en 50,56% para Bolsonaro frente al 49,44% del presidente. Ambos permanecen dentro del margen de error de dos puntos porcentuales.
Pero el cambio más significativo aparece en los niveles de rechazo. Según Quaest, quienes afirman que jamás votarían por Lula disminuyeron del 53% al 47% en apenas una semana. En Flávio Bolsonaro, el indicador pasó del 54% al 52%. Es decir, Lula ahora registra cinco puntos menos de rechazo que su adversario. Aunque esto todavía no se transforma en un crecimiento efectivo de su intención de voto, podría indicar que algunos electores comienzan a mostrar mayor disposición a considerar su candidatura.
Otras investigaciones confirman lo ajustado del escenario. BTG/Nexus publicó el lunes una proyección de votos válidos del 50,3% para Flávio y 49,7% para Lula, mientras Meio/Ideia registró este miércoles un 51,1% frente al 48,9%. Sin embargo, un balance de Poder360 muestra que Flávio conserva una ventaja numérica en 15 de las 16 encuestas nacionales consideradas. Por tanto, todavía sería prematuro hablar de una remontada oficialista consolidada.
El otro factor determinante será la participación. Quaest registra que cerca del 90% del electorado considera definitiva su elección, aunque en la pregunta espontánea los indecisos llegan al 14%. Esto significa que ambas campañas deben concentrarse no solamente en convencer a nuevos votantes, sino también en movilizar a quienes ya las respaldan.
Brasil llega así al domingo con una elección extraordinariamente ajustada, un ambiente político cada vez más confrontacional y una justicia electoral sometida a una presión que podría prolongarse incluso después de conocerse los resultados.
La entrada Brasil: denuncias cruzadas y encuestas ajustadas marcan recta final de la elección presidencial se publicó primero en Diario y Radio Universidad Chile.




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