El inicio del gobierno de José Antonio Kast obliga a la izquierda a redefinir su papel político y su relación con los movimientos sociales. Así lo planteó Lautaro Carmona, presidente del Partido Comunista, quien, en conversación con Radio y Diario Universidad de Chile, defendió una estrategia opositora que combine la resistencia a las políticas del Ejecutivo con propuestas concretas frente a los problemas económicos y sociales del país. En la entrevista, también examinó las lecciones del estallido social de 2019, el horizonte socialista del PC y las falencias que reconoce en la experiencia del gobierno de Gabriel Boric.
Carmona sostuvo que la oposición debe ir más allá de la crítica a las decisiones del Ejecutivo y construir alternativas vinculadas con las necesidades de la población. En esa línea, explicó las 14 medidas urgentes aprobadas por la Conferencia Nacional del PC, con énfasis en un presupuesto reactivador, el empleo, los salarios y el fortalecimiento de las políticas sociales. También planteó que la construcción de propuestas requiere una relación más permanente entre los partidos y el movimiento popular.
El balance del ciclo político anterior ocupó otro eje de la conversación. Carmona defendió la vigencia de las demandas que impulsaron el estallido social, condenó los episodios de violencia que, a su juicio, terminaron desacreditando parte de la movilización y reconoció errores en los procesos constituyentes, especialmente en la relación con la base social. Asimismo, abordó las dificultades del PC durante el gobierno de Boric y reafirmó el socialismo como horizonte estratégico, aunque distinguió ese objetivo de las tareas políticas inmediatas.
—La Conferencia Nacional del Partido Comunista se realiza en un escenario marcado por el inicio del gobierno del Presidente José Antonio Kast. ¿Qué cambios introduce este nuevo ciclo político para el PC y cuáles son los principales desafíos de la oposición?
Lo primero, efectivamente, es que la Conferencia Nacional del Partido, que es un evento eminentemente político, pone al día la política dados los cambios en la situación nacional. No es lo mismo la misma política con presencia en el gobierno que la política con presencia y compromiso activo en la oposición al gobierno, a nuestro juicio, el más reaccionario que haya conocido Chile después de la herencia que deja la dictadura. Esa es una formulación para explicar por qué debimos realizar una conferencia.
Lo segundo: los siete meses de gobierno muestran, primero, que es un gobierno abiertamente a favor del gran capital, a favor del privilegio de la élite, de una minoría. Y ellos mismos se encargan de que esto ocurra, afectando los intereses y los derechos de grandes mayorías, como muestran los efectos de los recortes en las políticas sociales.
Si a eso uno le agrega el cuadro desde el punto de vista de la economía, críticamente, casi cíclicamente crítica en empleo, salario, inflación, etcétera, además de la falta de políticas sociales o el déficit de políticas sociales en salud, educación y vivienda, junto con la respuesta parcial a lo que son las políticas de seguridad pública, estamos frente a una situación que, por opción del compromiso hecho y la política del gobierno de Kast, nos lleva a un callejón sin salida si pensamos en los derechos e intereses de la mayoría.
Ese es el cuadro en el que se mueve este gobierno, en un marco de una crisis muy seria y en un contexto internacional que, a su vez, la profundiza por lo que significa la política de Estados Unidos. El hecho de que Chile, casi en particular, explicite una subordinación a las políticas de Trump está absorbiendo todo el contagio de esas políticas de inestabilidad e inseguridad mundial que promueve Estados Unidos a través de la política que encabeza Trump.

Hay que decir el efecto que eso tiene en nuestra vecindad. Yo creo que no se ha tomado en serio que cada desliz, tanto del embajador norteamericano como del presidente Milei, está profundizando y agudizando una conflictividad vecinal entre Chile y Argentina que puede tener consecuencias, primero, desde el punto de vista humano y de la convivencia, de gran magnitud. Y segundo, desde el punto de vista económico, por el efecto que tiene para cualquier planificación y perspectiva de desarrollo.
Está en juego el estrecho de Magallanes, está en juego la presencia de Chile en la Antártica, están en juego muchas cosas que por ahora, como son políticas exteriores, aparecen un poquito más lejos y no están en la contingencia.
Ese es el cuadro que nosotros vemos y, en ese contexto, hay grandes obligaciones y grandes exigencias para las fuerzas políticas de oposición, no solo para marcar críticas a la gestión de gobierno, sino, sobre todo, para construir y levantar propuestas.
Pero esas propuestas, que sean políticas distintas, tienen que ser conversadas y tienen que nacer de la necesidad que tiene la gente, el pueblo llano, en términos reales. O sea, no pueden ser inventos que equipos creativos y especialistas le vayan después a ofrecer y promover al pueblo. El pueblo tiene que marcar eso desde el origen, y eso obliga a un vínculo mucho más rico, mucho más permanente y de mayor calidad entre el partido político y el movimiento popular. Nosotros a esto lo hemos llamado, en el titular de lo más importante de nuestro evento, partido de masas.
—En la Conferencia Nacional, el PC presentó 14 medidas urgentes para enfrentar los principales problemas económicos y sociales del país. ¿Cuáles son las prioridades de esta propuesta y cómo buscan que se traduzca en medidas concretas?
Primero, respecto a las 14 medidas que planteamos como cierre después del debate que hicimos en la Conferencia, la centralidad la da la medida vinculada al tema de un presupuesto reactivador. Eso abre el debate sobre la discusión vigente y contingente en este momento del presupuesto del país, que solo crece en 1,5%, que recorta el 6% a los gobiernos regionales, recorta el 12,6 a Cultura, 6,4 a Ciencias, etcétera.
A cambio de eso, un presupuesto reactivador sería aquel que incremente fuertemente el efecto, en casi un 10%, en políticas que vayan directamente vinculadas al crecimiento del producto interno, en vivienda, en inversión pública, incluyendo un bono dirigido a través de un IFE de subsidio al empleo, una reposición de recortes, una política de prevención municipal y de transporte gratuito para los adultos mayores, etcétera, etcétera.
Es decir, hay una centralidad que la da la idea del presupuesto reactivador. En ese mismo orden y por importancia está el tema del empleo, seguro de cesantía solidario, salario mínimo y una política que controle el alza del costo de la vida, con una direccionalidad focalizada.

Después están todos los temas vinculados a salud, educación y vivienda. Focalizar en mujeres y jóvenes: nosotros planteamos un empleo para el joven que recién termina, egresa de su formación profesional, tener garantizado un empleo a lo menos entre seis meses y un año, para su realización, pero también para esa vitalidad que le hace falta a la actividad económica.
Están los temas vinculados a la política alimentaria y la agricultura local. Está la política vinculada al transporte de personas y la locomoción colectiva, y la integración, la conectividad que tienen, efectivamente, las comunas rurales respecto al centro.
Es decir, hay un hilo conductor y cada una de estas medidas tiene un estudio presupuestario detrás, en cuanto a montos y porcentaje del producto interno, y dejan la posibilidad de abrir un debate blanco sobre negro: por qué sí o por qué no tales y cuáles medidas.
—Usted ha planteado que la oposición debe desarrollar una “resistencia estratégica” frente al gobierno de Kast. ¿Qué significa concretamente esa estrategia y cómo se relaciona con las propuestas que acaba de mencionar?
El concepto, yo creo, tiene una fácil bajada. La resistencia frente a la ofensiva de una política que pretende profundizar los códigos neoliberales. La resistencia frente a las políticas que pretenden desconocer derechos conquistados y alcanzados.
La resistencia es frente a la contraparte que pretende arrasar con los avances que se hayan logrado en toda esta cantidad de años. Y entonces es estratégica, toda vez que, al contener e impedir que avancen esas otras políticas, está también mirando con sentido de salida, o sea, con sentido más allá de lo inmediato. Y va a ser origen, porque una resistencia estratégica no es inmovilismo: es iniciativa, es organización, es movimiento.

Ese es el concepto. Va a ser lo que va a sostener las políticas que vamos a poner en debate hoy día, como también las que pondremos en debate mañana, cuando creamos que estamos en condiciones de disputar de nuevo la conducción del país.
— A siete años del estallido social de 2019, ¿cómo evalúa ese proceso y qué balance hace de sus consecuencias políticas? Algunos sostienen que la rebelión terminó favoreciendo el avance de la derecha y la llegada de José Antonio Kast al gobierno. ¿Qué responsabilidad les cabe a las fuerzas políticas en comprender las demandas que movilizaron a millones de personas y distinguirlas de los episodios de violencia que marcaron parte de las protestas?
Siento que muchos referentes que deberían tener una preocupación seria por conocer, estudiar y determinar en detalle de qué se trató esta verdadera rebelión social, no conocida en la historia de Chile, no lo hacen.
Yo convoco a que alguien diga que existe en la historia del país un hecho comparable. Estoy incluyendo el 2 y 3 de julio del año 86, estoy incluyendo la rebelión de la chaucha en el año 52 o 53. Si hay un momento en la historia en que un hecho social haya convocado casi espontáneamente, con una proporción de autoconvocatoria desconocida antes, a una movilización que tuvo tanta extensión territorial y tanta incorporación sectorial.
Había adultos mayores y jóvenes. Hay que recordar que el salto del torniquete lo hicieron estudiantes secundarios. Había artistas y obreros, profesionales y empleados, hombres y mujeres, estaban los pueblos originarios y el pueblo chileno en general. Tanta diversidad, que tomó tantas formas diversas de expresar una propuesta y una protesta, ambas cosas.
Por ejemplo, hoy algunos se quedan en el desborde, algunos se quedan en la desnaturalización, algunos se quedan sin siquiera investigar por qué hubo intramarchas o alguna provocación mayor. Pero esto partió con expresiones de masas movilizadas que se concentraban en todas las plazas públicas del país. Esto siguió con expresiones de la cultura y los principales grupos actuando, desde Inti-Illimani, Sol y Lluvia, Illapu y otros artistas destacados. Esto siguió con expresiones de filarmónicas tocando música en los espacios públicos. Siguió con cicletadas, que eran de suyo pacíficas, movilizándose por las ciudades y haciendo saber que había una corriente de opinión.

Esto fue una marca mundial cuando las mujeres aportaron con Las Tesis que se expresaron contra el patriarcado, como otra de las contradicciones presentes. Yo creo que sería muy presumido quien dé por descartado el estudio, como si fuera de dominio general que dos más dos son cuatro y cualquiera pudiera tener el control de una movilización de este tipo. Recuerdo las respuestas que dio la primera dama de la época, la mujer de Sebastián Piñera, que decía que había que considerar y tomar en cuenta. Hubo muchas movilizaciones que comprometieron, en general, a lo más significativo de la sociedad.
¿Por qué se producía esto? ¿Estaban aburridos, tenían problemas, les sobraba el tiempo? Esto se produjo porque hubo un acumulado de expectativas sobre las políticas del Estado de Chile que no se cumplían, y entonces se dio la posibilidad, a través de una fuerza de ejemplo. Yo no sé quién puede atribuirse la convocatoria. Algunos quieren asignársela al Partido Comunista, con una mirada bastante pequeña, limitada, con alcance a la esquina de la casa, cuando se trata de fenómenos de los que el Partido Comunista no va a hacerse dueño, porque sabe perfectamente que tenían una dinámica propia y la va a respetar. Lo peor sería que alguien quisiera suplantar esa iniciativa.
Creo que los temas que movilizaron ahí, que explican todas estas movilizaciones, siguen presentes. ¿Se resolvieron las listas de espera en los hospitales? ¿Se resolvió la lista de espera para la vivienda social? ¿Se resolvió el tema de la estabilidad laboral y la carrera funcionaria? ¿Se resolvió el tema de la gratuidad en la educación superior? Los temas siguen presentes. Y si quienes están a cargo de la política del Estado de Chile, entre otros los partidos políticos, la representación parlamentaria, los gobiernos, etcétera, no les ponen cabeza, no le toca a la base social dar vuelta las cosas y ser ellos los que conduzcan Chile.
Por ejemplo, entre las cosas que ocurrieron inmediatamente después de que bajó la expresión social de esta movilización del estallido, fue que en marzo del año siguiente vino la dureza de la vida con la pandemia del COVID. Y si no hay pandemia, seguramente no se olviden ustedes de lo que se decía en el Festival de Viña, en el Festival de Olmué, en los estadios de fútbol, en todo lugar en que hubiera la posibilidad de una concentración de personas. Si alguien cree que eso era orquestado por un partido que le compraba las entradas a una parte para que fuera a alterar el orden, de verdad está no queriendo mirar la realidad.
Veamos la realidad, asumamos que estamos en la política. ¿Por qué no teníamos incidencia en ese proceso? Pero tampoco queremos leer hoy día las razones de por qué esto ocurrió. Creo que eso es una irresponsabilidad desde el principio. Creo que la historia se repite, pero jamás es calco y copia de otro momento; eso no existe. Por tanto, copiar lo que fue esa rebelión social es una quimera, una ilusión. Lo que sí se mantiene son las razones de la justicia o injusticia social, las razones de las inequidades, las razones de las prevenciones y reservas que tiene la gente, y eso yo llamo a que lo escuchemos.

Esa es la mirada que tenemos sobre ese proceso. Creemos que el juicio crítico y el desencanto con la institucionalidad se mostraron en la convocatoria con voto universal y obligatorio que significaron los dos procesos constituyentes, con resultados que todos conocemos. Nosotros nos hacemos cargo del revés duro que tuvimos en el primer plebiscito. Históricamente, todos los que éramos partidarios de superar la Constitución que heredábamos tenemos que asumir nuestra cuota de ese revés por falta de un mejor vínculo con la base social.
Hubo después, en el debate mismo, exageraciones. Pero, por cierto, no se puede empezar a discutir en una Constitución qué nombre se le pone a las calles o si el agua sale fría o caliente. No, es la carta que ordena. Ahí faltó sabiduría, voluntad. Hagámonos cargo de todo eso también.
Creo que lo que vale de todo esto es que los grandes problemas que se marcaron a través de estas movilizaciones siguen vigentes y siguen siendo un desafío para las fuerzas políticas. Otra cosa en la cual todos coincidimos es en condenar los desbordes que no tenían que ver con la convocatoria, condenar absolutamente las formas de relacionarse respecto del método, respecto de la iglesia, respecto del supermercado, etcétera, que no están en la convocatoria de Gustavo Gatica ni de Fabiola Campillai. Hay que reconocer a quienes aportaron, saber separar y luego estudiar qué pasó con esas iniciativas que siguen presentes a la fecha.
No hay claridad sobre cuál fue el origen de esos desbordes que terminaron desacreditando la movilización social.
— En su discurso ante la Conferencia Nacional, usted reafirmó el socialismo como horizonte estratégico del Partido Comunista. ¿Cómo se traduce ese objetivo en la etapa política actual y qué papel cumple la construcción de una revolución democrática en ese camino?
Yo creo que el Partido Comunista, por definición, por doctrina y por principio, nace a la vida como un partido de la clase obrera, de la clase trabajadora. Eso lo mantiene. Esa condición pone el tema desde el punto de vista de que una clase social tiene el legítimo derecho a aspirar a conducir la sociedad y, por tanto, tiene vocación de poder. La construcción y la perspectiva estratégica del socialismo, que están en el origen de la fundación del partido, no significan que esté en la orden del día. Tenemos sentido de la realidad.
Eso tiene que ver con cuál es la contradicción que ordena la política en este momento. Hoy día el gran tema es cómo avanzar en una revolución democrática, que es distinta a una revolución socialista. En la revolución democrática se van a encontrar aliados muy amplios y habrá que avanzar para que se instale la democracia por sobre el neoliberalismo, que para nosotros es una limitación desde el punto de vista democrático.

Dragomir Yankovic/Aton Chile.
Y una vez que se cree esa condición, se va a abrir un horizonte distinto y la posibilidad de una economía diferente, una economía que se sostenga y que vaya en beneficio de las grandes mayorías en su realización como condición de vida. Ese es, a nuestro juicio, el propósito socialista, que agrego tiene que ver con la realidad de Chile.
El socialismo no es, y esto desde el punto de vista del marxismo, una receta mecánica, burocrática, que no sea una expresión de la realidad histórica completa, que incluye la experiencia y la idiosincrasia de los pueblos, país por país.
Cada uno, porque son todos países distintos, son tiempos distintos y son maduraciones de los procesos de los grupos sociales distintos. Entonces, nosotros hablamos, como decía Allende, de un socialismo a la chilena. Es más, con empanadas y vino tinto, para hacerlo mucho más peculiar en cuanto a propósito.
— Respecto de la experiencia del PC en el gobierno de Gabriel Boric, usted ha reconocido falencias en el vínculo con la ciudadanía y en el cumplimiento de algunos compromisos. ¿Cuáles son las principales autocríticas del partido sobre ese período y qué lecciones dejan para la etapa actual?
En nuestra autocrítica hay muchas cosas, pero derivan de una principal. Nosotros tenemos que ver por qué, estando en el gobierno y suponiendo que comprometíamos un programa que indicaba avances, sin embargo, sometidos al veredicto de la ciudadanía, perdimos el gobierno. Entre otras cosas, no hay ninguna magia: hay un déficit en lo que es la relación de las fuerzas políticas con el movimiento social, real, masivo, organizado y no organizado, para que comprendiera en igualdad de condiciones que esto era un hecho positivo para su condición de vida. No fue así.

Entonces tenemos que ver la debilidad de ese vínculo. Eso implica temas de políticas comunicacionales, pero también la debilidad de cumplir o no cumplir con los compromisos contraídos. Hay también una observación crítica porque, por ejemplo, no fuimos capaces de sacar la negociación ramal o porque finalmente se descartó la lucha respecto a las AFP. Podemos nombrar varias cosas que son temas donde el Partido Comunista se siente involucrado e incumbente, pero que no son exclusividad solo del Partido Comunista, porque eran tareas que radicaban en un gobierno y en las fuerzas políticas que sostenían al gobierno.
Y, en lo más propio del partido, probablemente tiene que ver con nuestra discusión sobre la solidez del partido como instrumento facilitador para llevar adelante propuestas y organizar al pueblo. También tiene que ver con la presencia que el partido ha alcanzado hasta ahora y que tiene que crecer para ser mucho más incidente.
La entrada Lautaro Carmona sobre la administración Kast: “Nos lleva a un callejón sin salida si pensamos en los derechos e intereses de la mayoría” se publicó primero en Diario y Radio Universidad Chile.




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