— ¿Cumplió un ciclo en Colo Colo?
— No lo creo así…”
— ¿Cree en los ciclos de los técnicos?
— No. Y esto lo hago valer para cualquier profesión. Si se ha trabajado con honestidad y rendimiento no veo el motivo de los cambios. Además, eso le da a uno la posibilidad de elegir lo que más le convenga.
— ¿Dónde está su futuro próximo, en la selección o en el extranjero?
— No sé, porque aún no tengo claras todas las variables. Primero se debe analizar con calma todo lo que viene y por eso postergué hasta finalizado el Torneo de Apertura las conversaciones. Y cuando tenga todos esos elementos sobre la mesa podré definir cómo seguiré mi carrera.
De esta forma, el entrenador Arturo Salah adelantaba lo que sería el fin de su ciclo en Colo Colo. Un periodo que fue de los más exitosos de la institución en su historia y que provino de la mano de un técnico que en su época de jugador estuvo ligado estrechamente a la historia de su archirrival: la Universidad de Chile.
Fue ese pasado el que hizo que su arribo a la institución del cacique fuera más complejo de lo previsto. Su llegada, en reemplazo del técnico Pedro García, estuvo marcada por una mala campaña en el Torneo de Apertura 1986. Las críticas acechaban a Salah y en más de una ocasión tuvo que salir el presidente de Colo Colo, Peter Dragicevic, a blindar al novel entrenador.
Dicha resistencia rindió frutos: en el Torneo Nacional 1986, Colo Colo fue absoluto protagonista del campeonato y no extrañó a nadie que se hiciera acreedor del título en aquella recordada final ante Palestino en el Estadio Nacional.
Luego de esa victoria vinieron más títulos: Copa Chile 1988, 89 y 90, Campeonato de Primera División 1989 y cuatro participaciones consecutivas en Copa Libertadores fueron parte del palmarés de Arturo Salah.
Por lo mismo, buscar a su reemplazante no sería tarea fácil para el presidente de la institución, Peter Dragicevic. El nuevo técnico de Colo Colo tenía que ser un nombre que rompiera los moldes, que “rompiera el mercado” y que le dijera al pueblo albo que el ciclo exitoso emprendido por el club no hacía más que comenzar.
Desde el “Pacho” Maturana a Carlos Alberto Parreira: la frenética búsqueda del nuevo técnico de Colo Colo
Arturo Salah terminaría por dejar Colo Colo para asumir como técnico de la selección chilena, y ahora la dirigencia colocolina debía abocarse a encontrar un reemplazo. ¿El problema? La vara dejada por el técnico chileno era muy alta y, por ende, el nombre que lo sucedería debía ser sí o sí un técnico ganador y con experiencia.

Por aquellos años, la responsabilidad financiera no parecía ser un problema para el fútbol chileno. Más allá de las constantes crisis económicas que atravesaban las instituciones, los dirigentes de una u otra forma encontraban el financiamiento para traer el nombre que fuese necesario. Por lo mismo, el factor económico no parecía ser un problema, y fue así que para asumir la banca popular aparecieron nombres que hoy en día sería imposible imaginar para el fútbol chileno.
Un artículo publicado el 3 de julio de 1990 por la revista Minuto 90 y escrito por el periodista Roberto Vallejos pormenorizó los detalles de aquella búsqueda, donde aparecían nombres consagrados y de renombre mundial y otros que por esos años destacaban en el medio local.
Aquel año se disputó el Mundial de Italia 90 y la dirigencia encabezada por Peter Dragicevic puso el ojo en algunas de las selecciones que participaron de ese campeonato: entrenadores como “Bora” Milutinovic, Washington Tabárez, Francisco “Pacho” Maturana o el ruso Valeri Lobanovski, que aquel año dirigió a la sorprendente Camerún, aparecieron en el radar colocolino.
Pero no solo el Mundial era foco de interés para Colo Colo. En Sudamérica, también había nombres que asomaban como alternativa para reemplazar a Arturo Salah. Figuras como Gabriel Ochoa Uribe, con exitoso presente en aquellos años en el América de Cali; Carlos Alberto Silva, DT de Brasil en la Copa América 1987; o Carlos Alberto Parreira, que cuatro años más tarde sería campeón del mundo con el Scratch.
Pero también había otros entrenadores de interés en la región: el uruguayo Fernando Morena (que años más tarde sería entrenador de Colo Colo), el exmundialista Ladislao Mazurkiewicz y los argentinos Omar Pastoriza, Óscar “Cacho” Malbernat y Héctor Veira, entre otros.
En el medio local también había entrenadores que fueron sondeados para asumir la banca colocolina: Ignacio Prieto, Fernando Riera, Manuel Pellegrini, y los argentinos con buena campaña en nuestro país, Fernando Cavalleri y Juan Carlos Ganga, quienes completaban la lista.
Todos ellos para llenar un perfil muy claro por parte de la dirigencia colocolina: técnico preferentemente con cursos en Europa, de pensamiento moderno, ojalá exfutbolista y con estudios universitarios, serio, idóneo, transparente, correcto, con vocación para el trabajo en divisiones inferiores, de carácter y que se caracterice por mantener buenas relaciones con las cúpulas directivas.
Finalmente, la dirigencia colocolina se decantó por un entrenador yugoslavo, campeón mundial juvenil, de corto paso por las divisiones inferiores de la institución en 1988 y que cumplía a cabalidad con lo requerido por el club: Mirko Jozic.
El arribo de Mirko
— ¿Sabe quién es su nuevo inquilino?
— Don Agustín sonríe maliciosamente: “Por supuesto, mi amigo. Es don Mirko, el nuevo entrenador de Colo Colo“. Enfundado en su cotona azul, don Agustín Vargas agrega: “Yo soy colocolino y tuve el honor de abrirle el departamento en el cual vivirá”.
Así comenzaba la crónica publicada en Minuto 90 sobre el arribo de Mirko Jozic a nuestro país. Fue un 1 de septiembre, a las 13:11 horas, la fecha en la que el técnico yugoslavo pisó nuevamente nuestras tierras luego de dirigir con mucho éxito a las selecciones juveniles de su país.

Colo Colo venía de un traspié muy grande. En los cuartos de final de la Copa Libertadores 1990, el cacique fue eliminado por lanzamientos penales ante Vasco da Gama de Brasil en un partido que tenía prácticamente ganado.
— ¿Viene al tanto de lo que está pasando en Colo Colo?
— Por supuesto. Sé que a última hora le empató Vasco da Gama y que perdió por penales su continuación en la Copa Libertadores.
— ¿Encontrará un equipo abatido?
— Me imagino que sí. Pero la pena tendrá que pasar. Es cosa de ganar un par de encuentros y todo cambiará.
Jozic estaba confiado, sabía que el arribo a la institución sería difícil, pero que el trabajo rendiría frutos, pese a los resquemores que existían respecto de si su forma de trabajo podría adaptarse a la realidad nacional.
— Los jugadores de Colo Colo están tensionados. Creen que usted cambiará todo drásticamente…
— Cambiaré lo justo y necesario. Sé desde ya lo que tendré que hacer y cómo lo haré.
— Hasta se dice que modificará el tipo de entrenamientos…
— Este es un problema de costumbre, una cuestión de hábito. Por ejemplo, en Yugoslavia se dice a cada rato que nuestros trabajadores en las fábricas se dedican pocas horas a lo suyo, pero resulta que van a otro sitio y se matan poniéndole el hombro. Creo que los jugadores chilenos son muy trabajadores y responsables.
Finalmente, Mirko Jozic llegaba a nuestro país con las ganas de asumir un desafío mayor: hacer de un equipo campeón, un equipo de leyenda. Se le preguntó a Mirko por qué aceptó venir a Chile otra vez, a lo que el yugoslavo contestó: “¿Y por qué no? Es un país que me gusta, Colo Colo es un gran club y con una inmensa hinchada. Me agradó el desafío y aquí estoy”.
Los primeros cambios
Su primera semana en Colo Colo fue de observación. Si bien dos años antes ya conocía la estructura del club por dentro, el desafío que se presentaba en esta ocasión era distinto al que tuvo que asumir cuando dirigió, brevemente, las divisiones inferiores del club.

Sus primeros días en la institución además tuvieron que convivir con las constantes comparaciones al trabajo que realizó Arturo Salah: “Siento respeto y estimación por Salah. Él ya fue el técnico de Colo Colo, yo lo soy ahora. A mí me interesa más lograr que Colo Colo juegue como yo creo que debo hacerlo, a estar diciendo que esto es o no mejor que lo que se hacía antes”, contestaba Jozic, cuando se le preguntaba por el método del entrenador chileno.
Asimismo, Jozic dejaba claro cuál era el esquema que, a su juicio, debía imponer en sus dirigidos: “El agrupamiento masivo en el mediocampo activado con movilidad constante de todo el equipo. Para ello no solo se necesita de jugadores en constante movimiento, sino que además de hombres de buena técnica por lo reducido de los espacios para jugar, pero siempre entregados a una labor colectiva. Aquí no se trata de que un hombre hábil busque por sí solo llegar al arco rival”, sentenció.
Jozic también puso el acento en la forma de trabajar que tenía el fútbol chileno en aquellos años y en la costumbre de entrenar solo por las mañanas: “Si los partidos se juegan habitualmente en las tardes, es en ese horario donde se debe trabajar. Y si son en la noche, entonces a lo menos dos días debemos trabajar en ese horario. Es importante que el jugador esté habituado, por diversos aspectos, a la hora en que se juega”.
La prueba de fuego del nuevo estilo Jozic llegó el domingo 16 de septiembre de 1990 en el clásico ante la Universidad Católica. La UC asomaba como el rival más fuerte de Colo Colo en aquella temporada, con un fútbol ofensivo y de buen toque de la mano del técnico Fernando Carvallo.
En aquel partido, Jozic hizo debutar su nuevo esquema de juego: un 3-5-2, muy propio de lo que se veía en el fútbol de Europa, pero dejando atrás el 4-3-3 que en esos años imperaba entre los clubes del fútbol chileno.
De inmediato comenzaron a tomar protagonismo algunos nombres que fueron fundamentales durante la campaña de Mirko Jozic. Una defensa que comenzaba con la solidez y buena salida que ofrecía el veterano Lizardo Garrido; un mediocampo donde la versatilidad de Jaime Pizarro cumplía a cabalidad los requerimientos del yugoslavo; jugadores con despliegue por las bandas como Marcelo Barticciotto y Rubén Espinoza, y dos delanteros letales tanto por arriba como a ras de piso: Ricardo Dabrowski y Rubén Martínez.
El despliegue físico y el fútbol en espacios reducidos que ofreció Colo Colo en ese partido fue demasiado para una Universidad Católica que no tuvo respuestas al esquema presentado por el yugoslavo. El resultado: Colo Colo 1, Universidad Católica 0.
El tropiezo con O’Higgins y las dudas sobre la “revolución” de Jozic
Pero la alegría no duró mucho para Colo Colo. Tan solo una semana después, las dudas respecto de si el método de trabajo de Mirko Jozic se podría replicar en los albos surgieron luego de la dura derrota que les propinó el O’Higgins de Nelson Acosta.
El uruguayo era un técnico difícil, no llevaba mucho tiempo en ese puesto, pero sus buenas campañas en Fernández Vial y el cuadro de Rancagua ya daban indicios de lo que sería el entrenador que años más tarde nos llevaría al Mundial de Francia 98.

“¿Qué cómo vamos a enfrentar a este revolucionario Colo Colo? De la misma forma que ellos”, esas fueron las palabras de Acosta en la previa del duelo ante el cacique, y cumplió plenamente con ellas. O’Higgins adoptó el mismo esquema que una semana antes había provocado el asombro de la hinchada colocolina.
Y metido en ese estilo, lo cierto es que Colo Colo fue incapaz de zafarse de las marcas, ni tampoco tuvo alternativas o variantes que le pudieran dar un respiro futbolístico en ofensiva.
Luego del partido, Jozic tuvo que explicar lo que ocurrió: “Si perdimos fue por nuestros errores y no por méritos del rival”, señaló con molestia el yugoslavo. En esa línea, Jozic afirmó que “más que revisar la táctica, deberemos afinar aspectos que nos permitan actuar mejor. No se puede pedir que en dos partidos se domine todos los puntos. Estoy confiado que iremos subiendo el rendimiento con el paso de los partidos”.
Y claramente fue así: Colo Colo abrochó una racha de 10 partidos invicto que cimentó el camino a una nueva estrella, la segunda de manera consecutiva y la primera bajo la tutela de Mirko Jozic. “El deseo estaba, pero anticipar un campeonato era imposible. Cuando llegué se hablaba en esos momentos de las transferencias de dos buenos jugadores como son Hugo González y Sergio Díaz, además de lo que hacía Universidad Católica reforzada con cuatro jugadores y con un buen comienzo en el torneo… Cuando les ganamos a la Universidad Católica 1 a 0, pensé que nuestras posibilidades estaban intactas y que podríamos disputarle palmo a palmo la corona, a pesar que nos llevaban tres puntos de ventaja”, analizaba Mirko Jozic al término de ese campeonato.
Asimismo, Jozic proyectaba lo que sería el futuro: “Si cada jugador mantiene su rendimiento en la función que se le encomienda, que además aumente su capacidad ofensiva y defensiva en un 10% por cada una. Que además se alcance una salida más rápida y fluida, lo que aquí llaman tocar y picar, podremos mejorar”, señalaba el yugoslavo. Y vaya que lo hizo: el equipo en 1991 fue mejor y le regaló la máxima satisfacción que un club chileno ha recibido, la Copa Libertadores de América, pero esa es una historia para otra ocasión.
La entrada “La Revolución Jozic”: los primeros días del técnico croata en Colo Colo se publicó primero en Diario y Radio Universidad Chile.



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