Hay recuerdos que permanecen suspendidos en el tiempo, como si todavía conservaran algo del paisaje en que fueron vividos. Para Manuela Martelli, uno de ellos es un iceberg. Era 1992 y la directora tenía la misma edad que Inés, la protagonista de “El deshielo“, su segundo largometraje. El episodio del enorme bloque de hielo que Chile llevó hasta la Expo Sevilla se transformó, con los años, en una imagen capaz de condensar mucho más que una anécdota.

Estrenada mundialmente en el Festival de Cannes y seleccionada para representar a Chile en la carrera por los premios Oscar, la película transcurre durante los primeros años de la transición democrática. Inés, una niña de nueve años, vive junto a sus abuelos en un hotel de montaña y establece una amistad con Hannah, una adolescente alemana que se encuentra entrenando en la zona. Su desaparición abre una serie de secretos y silencios que conectan la historia íntima de la protagonista con la memoria reciente del país.

Aunque se trata de una ficción, Martelli reconoce que hay una dimensión profundamente personal en el origen de la película. No solo porque ella también tenía nueve años en 1992, sino porque “El deshielo” nace de una recolección de recuerdos y de una pregunta por aquello que una generación heredó sin necesariamente haberlo vivido.

“No es una película biográfica. Es ficción, pero hay una colección de recuerdos míos de esa edad que se van mezclando con asuntos del país también, como la Expo Sevilla y, por supuesto, la transición. Cómo se sentía la transición”, confesó la autora.

Y, en aquello, el punto de vista infantil es fundamental. Todo lo que ocurre en la película es observado desde la experiencia de Inés, quien comienza a enfrentarse a secretos que los adultos prefieren mantener ocultos. En ese tránsito, la pérdida de la inocencia personal también funciona como espejo de un país que intenta dejar atrás una etapa, aunque todavía arrastra aquello que no ha podido o no ha querido mirar.



El iceberg de la Expo Sevilla aparece entonces como una imagen central. Para Martelli, durante su infancia aquel episodio tenía algo de fábula televisiva, pero con el tiempo adquirió nuevos significados.

Para mí, como niña, era como una especie de fábula que se contaba por la televisión. Había mucho bombo con el iceberg. Creo que era la primera vez que se transmitía en vivo. Había como un gran esfuerzo por hacer a Chile partícipe de esta gran hazaña”, recordó.

“El deshielo”, explicó, terminó convirtiéndose en una figura capaz de contener múltiples lecturas: el movimiento de un país, el fin de una época y también la transformación de una niña. “Es una figura, es una imagen que tiene eco en muchas cosas. No significa nada y, al mismo tiempo, abre muchos significados que tienen que ver con cómo hay ciertas cosas que Chile todavía no quiere ver en ese período. Inclusive hoy”, afirmó.

Ese “inclusive hoy” resulta clave para comprender la película. Martelli no mira la transición democrática únicamente como un período cerrado, sino como una etapa cuyos efectos todavía atraviesan la sociedad chilena. Por eso es que la película se inscribe en un proceso creativo más amplio de revisión de la historia reciente del país.

“El deshielo es parte de un proceso que empezó en 1976, que tiene que ver con revisar la historia reciente de Chile, desde el golpe militar hasta la recuperación de la democracia”, aseguró. La directora planteó, de hecho, que ese recorrido permite observar algunos de los pilares que todavía estructuran el presente chileno.

“Siento que hay en esa historia reciente de Chile grandes pilares de lo que somos hoy. Evidentemente está la Constitución, está un sistema económico. Y esas cosas se empiezan a definir ahí. Es bastante lo que somos y lo que nos rige hoy en día como país”, manifestó.

Pero hay otra pregunta que atraviesa su película y que, para Martelli, adquiere especial relevancia en el escenario actual: qué entendemos realmente por democracia. “Me parece muy del presente, que tiene que ver con entender qué es la democracia. Más bien, preguntarse qué es la democracia. ¿Existe realmente? ¿Cómo se conforma? ¿Cómo se construye la democracia?”, enumeró.

Poster de "El deshielo", película de Manuela Martelli.
Poster de “El deshielo”, película de Manuela Martelli.

Sin embargo, la inquietud no se limita a Chile. Para la directora, el contexto internacional también ha demostrado que aquello que parecía consolidado puede ser mucho más frágil de lo que se pensaba.

“Hoy en día estamos viendo cuán frágiles son todas estas democracias que creíamos que eran tan estables”, expresó. Allí escenario aparecen los silencios. En la película, Inés recibe señales de que hay cosas que es mejor no preguntar, no contar o no decir. Una experiencia íntima que permite a Martelli explorar el pacto de silencio que, a su juicio, marcó también a una generación.

Además, durante el proceso de escritura ocurrió el estallido social de 2019. La experiencia modificó la manera en que la directora observaba a las nuevas generaciones y también la llevó a revisar la suya: “Fue casi epifánico ver a estos jóvenes que fueron los impulsores de todo este movimiento social, chicos de uniforme, chicas, ver cómo era una generación sin miedo”.

A partir de ahí, Martelli comenzó a preguntarse por quienes crecieron durante la transición y por la aparente distancia política de esa generación. “Me hizo entender varias cosas de mi generación y de una generación que se tildaba de apolítica, una generación que no salió a la calle, que no se organizó, que parecía que no había un sentido crítico en esa generación, al menos no uno fuerte que se hiciera escuchar”, sentenció

Y encontró una posible respuesta precisamente en el silencio heredado: “Creo que hay mucho de ese pacto de silencio justamente en esa generación, que es una que carga con el pacto de silencio de nuestros padres, que siente de alguna forma que no puede poner en cuestión esta democracia tan frágil.”

Por otro lado, llevar esta historia a la pantalla implicó otro tipo de desafío, relacionado con las posibilidades concretas de hacerla realidad. “El deshielo” requirió cerca de una década de trabajo desde sus primeros fondos de desarrollo y un rodaje marcado por la presencia de niños, animales y, especialmente, nieve.

La producción se realizó en Antillanca, en la zona cordillerana de Osorno. Y el problema apareció cuando el equipo llegó a filmar y el paisaje no era el esperado. “El día que llegamos a filmar no había nada. Nosotros habíamos estado yendo a la locación como por tres años, siempre en ese período, y cuando llegamos era un desierto.”

La escena que recuerda Martelli parece casi salida de una película: ella y el asistente de dirección, sentados sobre un tronco, mirando un paisaje que no tenía nada que ver con el imaginado. “Era un desierto negro, no había nada. Yo me senté con el asistente de dirección en un tronco a llorar”, recapituló.

Manuela Martelli, actriz y cineasta.
Manuela Martelli, actriz y cineasta. Foto: CineChile.

La razón era sencilla y brutal: sin nieve, no había película. “Esta película se llama El deshielo. Sin nieve no funciona. No se hace la película”, trazó. El hielo finalmente llegó, pero la experiencia da cuenta de la magnitud de una producción que la propia directora compara con una aventura cinematográfica.

“Esta película era un Titanic. Fue muy difícil, nos tomó mucho tiempo”, compartió. El resultado, sin embargo, no busca ser una película solemne sobre la memoria. Martelli dice pensar especialmente en las generaciones jóvenes y en la necesidad de conectar ese pasado con quienes no lo vivieron.

Siento que las películas, de alguna manera, están dedicadas a la juventud. Son una manera de conectar ese pasado que ellos no han vivido con el presente, que lo reflexionen, que lo tengan en el imaginario, que tengan imágenes, sensaciones”, reflexionó.

Y hay una dimensión política que, para ella, comienza incluso antes de que se enciendan las luces de la sala: “A mí me parece que lo más político de esta película es sacar a la gente de las casas. Llevarla al cine”.

“El deshielo” ya se encuentra en cartelera en salas comerciales, de cine arte y en la Red de Salas de Cine de Chile. Para Martelli, estas primeras semanas son decisivas para que la película pueda continuar su recorrido.

Mientras tanto, la directora ya piensa en el siguiente capítulo de este proyecto de memoria. Si “El deshielo” mira hacia los noventa y otra película de su filmografía se situó en 1976, los años ochenta aparecen como una deuda pendiente.

“Esa película está en un estado muy embrionario y estamos ahora trabajando para conseguir los fondos para poder desarrollarla. Estamos haciendo una investigación, pero tiene que tener un tiempo para poder realmente ir profundo y sumergirse en esa década.”

Una nueva inmersión en la memoria chilena que, como “El deshielo”, parece mirar hacia atrás para preguntarse cuánto de ese pasado continúa, todavía hoy, bajo la superficie.

La entrada Manuela Martelli, directora de “El deshielo”: “Hay en esa historia grandes pilares de lo que somos hoy” se publicó primero en Diario y Radio Universidad Chile.