“Es un verdadero bálsamo para mí. Es una alegría enorme, un orgullo también”. Esas fueron las palabras de Nelson Caucoto, abogado de derechos humanos, histórico integrante de la Vicaría de la Solidaridad y representante en emblemáticas causas de violaciones a los Derechos Humanos —como los casos de Víctor Jara y Degollados—, al referirse a la Medalla de la Democracia y los Derechos Humanos 2026 que recibirá este jueves 10 de septiembre de manos de la Universidad de Chile.
La distinción, instaurada en 2023 en el marco de la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado, reconoce a personas que hayan realizado una contribución destacada a los derechos humanos y la democracia. Así, Caucoto se convirtió en la cuarta persona galardonada, luego de Alicia Lira, Cecilia Medina y María Luisa Sepúlveda.
En conversación con la primera edición de Radioanálisis, el abogado vinculó el reconocimiento con un escenario que calificó como “bastante complejo, bastante difícil y muy desafiante”. En particular, manifestó preocupación por el futuro de las políticas de derechos humanos y por las consecuencias que podrían tener los recortes presupuestarios.
“Estamos frente a un gobierno que es completamente refractario a los derechos humanos y no podemos esperar nada bueno en ese sentido”, sostuvo. A su juicio, la situación ya se ha expresado en modificaciones al Programa de Derechos Humanos, organismo que consideró fundamental para la persecución de estos crímenes.
“En derechos humanos no se puede innovar, no se puede improvisar. Yo no puedo poner cualquier abogado a cargo de las causas. Eso es un tema que lo hemos aprendido con la experiencia misma, porque cada abogado tiene su background, tiene una experiencia acumulada y esa experiencia es la que vierte en los juicios”, afirmó.
En ese contexto, Caucoto mencionó entre las materias que podrían verse afectadas los sitios de memoria y la situación de Colonia Dignidad, además de advertir sobre los efectos de eventuales restricciones presupuestarias.
Sin embargo, frente a los retrocesos y las incertidumbres del presente, el abogado también puso el foco en los avances que Chile ha alcanzado durante las últimas décadas en materia de justicia por crímenes cometidos durante la dictadura.
“Han habido avances que son insoslayables, avances que nos deben alegrar como sociedad”, planteó. Entre ellos, destacó que actualmente existe un reconocimiento social y jurídico respecto de la imprescriptibilidad de estos delitos.
“Hay crímenes que hoy día la sociedad chilena puede entender que son imprescriptibles y son inadmisibles. Entonces, podemos dormir tranquilos de que el día de mañana la dictadura del futuro ya está en alerta de que esos crímenes van a ser perseguidos donde sea que se hayan cometido y cualquiera sea el tiempo que haya transcurrido”, sostuvo.
Para Caucoto, otro de los principales aprendizajes está en el trabajo desarrollado por los tribunales de justicia. En particular, valoró la línea seguida por la Corte Suprema y la existencia de jueces con dedicación exclusiva para investigar las violaciones a los derechos humanos.
“Vivimos 30 años de impunidad pura y dura. Hasta el 2003 en el país primó la impunidad, salvo el esfuerzo de jueces que uno debiera destacar”, recordó. En ese sentido, defendió la importancia de las sentencias dictadas décadas después de ocurridos los crímenes. “Yo soy firmemente de la idea de que los tribunales tienen una tarea fundacional. La tarea principal de los tribunales de justicia es precisamente proteger los derechos humanos”, afirmó.

Derechos humanos sin apellido político
Durante la entrevista, el abogado también enfatizó que la defensa de estas garantías no puede quedar circunscrita a una determinada posición política. Una convicción que, según relató, adquirió también durante su trabajo en la Oficina de Derechos Humanos de la Corporación de Asistencia Judicial, donde atendió a integrantes de las Fuerzas Armadas cuyos derechos eran vulnerados.
“Los derechos humanos son universales y no le pertenecen a la izquierda, ni al centro, ni a la derecha”, afirmó. Caucoto recordó casos de abusos, maltrato y vulneraciones de derechos de conscriptos y mujeres pertenecientes al Hospital Militar. “Entonces tú te das cuenta de que hay espacios como para poder demostrar que los derechos humanos son efectivamente universales y nos alcanzan a todos y nos protegen a todos”, señaló.
El abogado reconoció, al mismo tiempo, que durante la dictadura las principales víctimas fueron personas vinculadas a la izquierda y a la Unidad Popular, quienes enfrentaron exilio, desaparición, muerte y tortura. Pero recalcó que la defensa de los derechos fundamentales debe sostenerse independientemente de quién sea la víctima o quién cometa los abusos.
“Los derechos humanos hay que respetarlos, cualquiera sea el país, el lugar donde te encuentres. Si no, se debilitan, pierden credibilidad, pierden eficiencia en cuanto a su protección”, sostuvo. “En esto hay que ser súper inflexible”.

La misma perspectiva aplicó al debate sobre eventuales medidas humanitarias para personas condenadas por crímenes de lesa humanidad. Caucoto planteó que puede existir un criterio humanitario frente a enfermedades terminales o situaciones de demencia severa, pero advirtió sobre los intentos de utilizar esas condiciones para eludir las condenas.
“Si hay alguien que está hoy en día cumpliendo condena de cárcel y ese alguien tiene una enfermedad terminal con fecha de término, esa persona debería irse a morir a su casa. Si hay alguien que no sabe dónde está porque le llegó el Alzheimer o una demencia senil fulminante, esa persona no tiene nada que hacer en la cárcel, tiene que irse a su casa”, afirmó.
No obstante, agregó que el problema aparece cuando existen antecedentes médicos fraudulentos. “Nos enfrentamos a lo que es el fraude procesal, nos enfrentamos a la mentira”, señaló, aludiendo también a la experiencia de Augusto Pinochet.
Finalmente, Caucoto situó la defensa de los derechos humanos como una condición indispensable para la vida democrática. “El tema de los derechos humanos viene a ser el fundamento moral del sistema democrático. Es decir, no puede haber democracia si no se respetan los derechos humanos”, sostuvo.
“¿Qué son los derechos humanos? Son mínimos consensos que tiene el mundo, planetariamente, para convivir mejor, para que nos respetemos entre seres humanos y también se respeten las propias naciones, los propios países”, añadió.
Y concluyó: “Nosotros tenemos que reencauzarnos en el camino de la sana convivencia y no hay más sana convivencia que la que se realiza sobre la disciplina más civilizada que existe en la humanidad, que es la aplicación del Derecho. Y, en este caso, el Derecho Internacional de los Derechos Humanos”.
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