El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 terminó con el gobierno de Salvador Allende y con la democracia. El quiebre se produjo después de meses de tensión política y de una creciente presión sobre el gobierno, pero también después de conversaciones entre Allende y los altos mandos militares en las que todavía se buscaba una salida dentro de la institucionalidad.
Joan Garcés había conocido a Salvador Allende antes de la elección de 1970. En París, el entonces joven abogado había defendido una tesis sobre la posibilidad de que el candidato de la Unidad Popular ganara los comicios y, tras conocerlo, Allende lo invitó a colaborar en la implementación de sus ideas. Después del triunfo electoral, Garcés continuó trabajando junto al Presidente como asesor. Esa cercanía lo llevó a estar dentro de La Moneda el 11 de septiembre y a permanecer allí durante las primeras horas del golpe, hasta que Allende le pidió salir del palacio. Veinticinco años después, volvería a encontrarse con Pinochet, esta vez desde los tribunales, en el proceso que terminó con su detención en Londres.
Garcés abordó ambos momentos en conversación con la periodista y conductora Faride Zeran, en el programa Tiempos que Muerden, emitido por Radio Universidad de Chile y UChile TV. Al recordar aquellas horas dentro del palacio, señaló que “yo estaba dentro de La Moneda, y si estoy vivo, es en primer lugar porque Allende me dijo que saliera pocos minutos antes de que la Aviación bombardeara el palacio”.
En las horas previas al bombardeo hubo un intervalo de unos 15 minutos entre el ataque de la infantería y la artillería y el avance de la aviación. Quienes permanecían en La Moneda se reunieron en el patio de invierno. Allende les ofreció la posibilidad de salir y explicó: “Yo me voy a quedar porque es mi obligación política, moral y constitucional, pero ustedes están todos en libertad de irse”. Antes, se lo había ofrecido a los tres edecanes, que salieron, y a los carabineros de la Guardia Presidencial, que también abandonaron el palacio. Los civiles, en cambio, decidieron permanecer. Garcés también se quedó, pero Allende insistió en que debía salir.

“En ese momento es cuando me dice; ‘usted debe salir’, yo me opuse y le pedí razones, y una de las que me dio Allende fue ‘contar lo que aquí ha pasado, es solamente algo que usted puede hacer’”, relató Garcés. Luego, Allende preguntó si estaban de acuerdo en quedarse y los civiles respondieron que sí. “La mayoría de ellos fueron fusilados 48 horas después”, agregó.
“Por eso digo que el primer eslabón de que yo esté vivo es el propio Allende que lo propuso en marcha”, recordó.
Las conversaciones que antecedieron al golpe
Las claves del desenlace, para Garcés, también estaban en las semanas anteriores. Recordó una reunión realizada el 21 o 22 de agosto, presidida por Allende y en la que participaron dirigentes de la Central Única de Trabajadores, el jefe del Estado Mayor del Ejército, Augusto Pinochet, y el inspector general del Ejército, Orlando Urbina. El encuentro se produjo después de una manifestación de mujeres frente al domicilio del general Carlos Prats, entre ellas esposas de seis generales en servicio activo.
“Allende dio instrucciones a los generales sobre cómo colaborar con los trabajadores organizados para sostener el Estado y el sistema democrático contra una posible insubordinación de tropas”, relató.
A la mañana siguiente, según relató Garcés, el comandante en jefe del Ejército pidió a Pinochet, su segundo y hombre de su máxima confianza, que hablara con los generales cuyas esposas habían participado en las protestas y les solicitara que manifestaran su lealtad al comandante en jefe. Pinochet realizó esas conversaciones y luego transmitió a Prats la respuesta de los seis generales. Según Garcés, esa respuesta llevó a Prats a presentar su dimisión como comandante en jefe y como ministro de Defensa. “Es decir, hasta qué punto manipuló la respuesta de manera tal de provocar en Prats el hundimiento psicológico de que o imponía su autoridad con el riesgo de un estallido de disciplina o dimitía. Y optó por dimitir”, sostuvo.
Allende aceptó la renuncia de Prats. En esa misma reunión, el Presidente le preguntó a quién recomendaba para reemplazarlo y mantener la disciplina que el país necesitaba en ese momento. “Prats no dudó, dijo a Pinochet”, recordó Garcés.

A juicio del exasesor, ese nombramiento fue decisivo. Planteó que si Prats hubiese propuesto a otro general, Pinochet habría quedado fuera del alto mando. La facultad para nombrar y remover a los comandantes en jefe correspondía al Presidente.
Días después, ya con Pinochet como comandante en jefe, Allende volvió a reunirse con esos mismos generales. La conversación ocurrió dos días antes del golpe y, según recordó Garcés, el Presidente les comunicó que convocaría a que los ciudadanos resolvieran democráticamente el futuro del país.
“Todo el mundo sabe que el día 11 de septiembre Allende iba a abrir las urnas para llamar a un plebiscito y resolver democráticamente el futuro del país”.
La noche del 10 de septiembre, Garcés participó en una reunión de trabajo junto a Allende, el ministro de Defensa, el ministro del Interior y el director de Televisión Nacional para preparar el mensaje que el Presidente entregaría al país. Mientras tanto, generales que se mantenían leales al orden constitucional habían preparado el denominado Plan Hércules, una estrategia para responder a una eventual sublevación dentro de las Fuerzas Armadas. La idea era que, ante un levantamiento, los sectores constitucionalistas actuaran para contenerlo y restablecer la disciplina militar.
“Había un golpe en marcha. Y la doctrina de Prats: nosotros debemos ir a preparar el contragolpe, es decir, buscar la indisciplina, sofocarla”, explicó Garcés.
El problema, según su relato, fue que el levantamiento terminó siendo encabezado por el propio Pinochet. “Cuando el bando lo encabeza Pinochet, queda claro que el Plan Hércules se está aplicando en contra del Gobierno. No para sofocar una insurrección, sino para dirigirla”, planteó.

El Presidente permaneció en el palacio mientras las tropas rodeaban el edificio y comenzaba el bombardeo. Poco después realizaría su última intervención radial.
“Cualquiera que escuche las palabras de Allende ese día, en la radio, en su última locución, entienda que está hablando de una persona que ha tenido ese nivel de traición”, sostuvo.
De La Moneda a la detención de Pinochet
La historia de Garcés con Pinochet tendría un segundo capítulo. En 1996, más de dos décadas después del Golpe, comenzó a trabajar con un equipo jurídico internacional que representó a cerca de 4 mil víctimas en más de 3 mil casos de asesinatos, desapariciones forzadas y torturas investigados en España, Inglaterra y Francia. Fue Víctor Pey quien le comunicó que Pinochet viajaría a Londres. Garcés siguió esa información y comenzó las gestiones judiciales que terminarían con el exdictador detenido en octubre de 1998.
“Los crímenes que tienen la magnitud de los que se cometieron en Chile son imprescriptibles en la ley internacional”, señaló al recordar una de las lecciones que dejó el caso.
La causa tuvo como uno de sus antecedentes la investigación por el asesinato de Orlando Letelier en Washington. Garcés explicó que las diligencias realizadas en Estados Unidos permitieron establecer antecedentes sobre la red criminal vinculada a Pinochet y que esas pruebas fueron entregadas al tribunal español. En ese proceso también quedó registrada la actuación del propio Garcés.
“Yo firmé la primera querella del año 96 contra Pinochet y, dos años después, firmé la petición de detención que el juez pudo ordenar”, recordó.

Para Garcés, el caso no terminó con la detención del exdictador. También tuvo consecuencias sobre la justicia chilena y sobre la posibilidad de investigar los crímenes cometidos durante la dictadura.
“Otro de los factores de las consecuencias de las cuales yo estoy más orgulloso en este caso, Pinochet, es que gracias a él, los tribunales de Chile abrieron sus puertas a la investigación y a la sanción de estos crímenes”, apuntó.
El exasesor de Allende recordó además la declaración realizada en 2013 por integrantes de la Corte Suprema respecto de la actuación de los tribunales durante la dictadura. Para Garcés, ese reconocimiento forma parte de las consecuencias que dejó el proceso judicial iniciado en Europa y de un cambio en la manera en que la justicia chilena abordó los crímenes de ese período.
“Se están cometiendo crímenes actualmente, pero el derecho internacional está ahí y el derecho interior también. Y más pronto o más tarde, quienes están cometiendo estos crímenes pueden y deben ser sometidos a juicio”, concluyó.
La entrada Joan Garcés: “Gracias al caso Pinochet los tribunales de Chile abrieron sus puertas a la sanción de los crímenes” se publicó primero en Diario y Radio Universidad Chile.



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