Hablar de construcción de paz puede parecer lejano para un país que no atraviesa una guerra interna. Sin embargo, una de las principales conclusiones del seminario “Construcción de paz en tiempos de crisis”, organizado por la Cátedra Centroamérica del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, fue precisamente que la paz no comienza cuando termina una guerra ni se limita a la firma de un acuerdo. Se construye mucho antes, en la forma en que una sociedad enfrenta sus conflictos, responde a la violencia y evita que actores armados o criminales encuentren espacios donde sustituir al Estado.

La experiencia colombiana fue parte central de la discusión y aprendizajes. Durante más de cincuenta años, el conflicto entre el estado colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, marcó la historia del país.  “La gente pensaba que era imposible el acuerdo de paz en Colombia, pues se volvió posible”, sostuvo el expresidente de ese país, Juan Manuel Santos, durante el encuentro. Pero también explicó que aquello requirió estudiar experiencias anteriores, comprender por qué habían fracasado otros intentos y crear las condiciones políticas y militares necesarias para negociar.

El concepto de la paz

Pero esa experiencia solo fue el ápice del encuentro. Uno de los conceptos fundamentales discutidos y que fueron parte de aquellas experiencias aprendidas del proceso colombiano, fue lo que se denomina paz negativa, entendida básicamente como la ausencia de guerra o violencia directa, y una paz positiva, que supone construir sociedades capaces de procesar sus conflictos sin recurrir sistemáticamente a la violencia. Y esto último, , con respaldos institucionales y estructurales.

El politólogo de la Universidad Internacional Javeriana de Colombia, Dr. Pedro Valenzuela planteó durante el seminario que el problema deja entonces de ser únicamente cómo eliminar las guerras y pasa a preguntarse cómo construir sociedades más justas, inclusivas y capaces de enfrentar fenómenos como la desigualdad, la marginación o la exclusión.

El politólogo de la Universidad Internacional Javeriana de Colombia, Dr. Pedro Valenzuela. Foto: Nicolás Valenzuela, periodista, IEI UChile

Porque los conflictos, en realidad, no desaparecen. La cuestión es cómo una sociedad decide procesarlos.

La académica de la Universidad de Chile, exembajadora en Colombia y organizadora del encuentro, María Inés Ruz enfatizó que “tenemos el desafío de formar a las nuevas generaciones en una cultura de diálogo, de mediación, de negociación y de construcción de paz”. Y agregó una distinción central para entender el problema: “Siempre vamos a tener conflictos de diversos tipos, pero esos conflictos los podemos agudizar o gestionar”.

Es ahí donde la experiencia colombiana puede ofrecer aprendizajes para Chile. Eso, sin embargo, no significa que estemos siguiendo una trayectoria similar. Colombia mostró que cuando la presencia estatal es insuficiente, la justicia pierde legitimidad o determinados territorios quedan abandonados, otros actores pueden comenzar a ocupar esos espacios. La desmovilización de las FARC constituyó un avance histórico, pero no eliminó automáticamente las condiciones que habían permitido la expansión de grupos armados. Nuevas organizaciones ocuparon parte de los territorios y economías ilegales que quedaron disponibles.

Valenzuela advirtió que ese problema trasciende a Colombia y alcanza a América Latina. “Hay una muy débil institucionalidad en los países latinoamericanos para lidiar con conflictos sociales que son inevitables”, señaló.

Cuando la justicia formal no responde, actores armados pueden comenzar a ofrecer respuestas que una parte de la población termina aceptando por utilidad.

Según explicó el académico colombiano, mientras los sistemas judiciales pueden tardar años en resolver una disputa, “un actor armado resuelve el problema inmediatamente con veredictos terminantes”. Así puede surgir una aceptación utilitaria de estos poderes paralelos y, con ella, una cultura donde órdenes alternativos empiezan a adquirir legitimidad.

Una lección para Chile y la dimensión internacional

Chile está lejos de una situación comparable con el conflicto armado colombiano. Pero eso no significa que estas experiencias carezcan de utilidad. El crecimiento del narcotráfico, la presencia de organizaciones criminales nacionales y transnacionales, el aumento del poder económico de determinadas redes y la disponibilidad de armamento refuerzan la importancia de actuar antes de que estos fenómenos crezcan.

Bandera chilena en el mapa
Bandera chilena en el mapa

La respuesta tampoco puede descansar exclusivamente en la fuerza. La acción policial resulta indispensable frente al crimen organizado, pero la paz positiva propone una pregunta diferente: ¿Qué condiciones permiten que estos grupos encuentren espacios donde crecer? Por ejemplo,  reclutar personas, controlar economías o incluso ejercer formas informales de autoridad.

La profesora Ruz lo planteó como un proceso territorial, donde los actores puedan “proponer sus propias soluciones”. Escuchar a quienes viven directamente los conflictos, señaló, permite comprender dimensiones que las respuestas diseñadas exclusivamente desde el centro muchas veces no alcanzan a observar.

Además, esto ocurre en un momento internacional particularmente adverso. El coordinador residente de Naciones Unidas en Chile, Christian Salazar Volkmann, recordó que desde la creación de la ONU la paz nunca fue entendida simplemente como “el silencio de las armas”. Preservarla exige enfrentar problemas como la pobreza, la desigualdad, la discriminación, la falta de participación, las violaciones de derechos humanos y la impunidad.

La excanciller Antonia Urrejola advirtió que esta crisis internacional también tiene consecuencias dentro de las democracias. “Lo central es el diálogo político”, sostuvo. A su juicio, “se ha perdido precisamente el diálogo político y el respeto por el contendor como alguien que también tiene una posición legítima”. Una lógica que divide permanentemente entre aliados y enemigos, explicó, termina trasladándose desde las relaciones internacionales hacia las sociedades, donde las redes sociales premian muchas veces a quien grita más fuerte o denosta con mayor intensidad al adversario.

Urrejola consideró que el sistema internacional atraviesa algo más profundo que una transición. “Estamos viendo una ruptura definitivamente”, afirmó, aunque también rechazó considerar irreversible el deterioro actual. “En algún momento las comunidades, la humanidad, los mismos electores se van a cansar de esta confrontación permanente”. Lo que surja probablemente no será una reconstrucción exacta del antiguo orden internacional, pero la experiencia histórica demuestra que incluso después de momentos extremadamente violentos fue posible crear instituciones y normas comunes.

El lugar de las nuevas generaciones

En esa reconstrucción, una parte importante de las intervenciones del seminario puso el foco en las nuevas generaciones. No solamente porque heredarán un escenario internacional más fragmentado, sino porque tendrán que decidir qué mecanismos políticos, institucionales y culturales construir para enfrentarlo. Ruz llamó a “investigar, estudiar y conocer las realidades para poder estar en condiciones de comprender la complejidad”, evitando interpretar problemas multidimensionales mediante soluciones simples o visiones en blanco y negro.

Autoridades presentan primera Política Nacional de Reinserción Social Juvenil
Jóvenes. Imagen referencial Agencia Aton.

Urrejola apuntó en una dirección similar. Para proponer alternativas, sostuvo, primero es necesario entender por qué fueron creadas instituciones como Naciones Unidas, cuáles fueron los problemas históricos que intentaron resolver y por qué hoy atraviesan una crisis. “Para poder tener propuestas a futuro, uno tiene que primero entender cuál fue el pasado y por qué llegamos a esta crisis”, señaló.

Valenzuela terminó esa reflexión recordando una anécdota de 1979. Durante una visita de Ernesto Cardenal a Colombia, un joven le preguntó qué consejo daría a quienes querían cambiar el mundo. El poeta y sacerdote nicaragüense dio una breve pero contundente respuesta: “¡Que lo cambien!”.

Quizás allí se encuentra también una de las principales conclusiones del encuentro. Colombia demuestra que incluso conflictos que parecen imposibles de resolver pueden transformarse, pero también que ningún acuerdo elimina por sí solo las causas de la violencia. Por eso la paz no es un momento en particular, es un presente que debe construirse constantemente.

La entrada Construir paz en tiempos de crisis: “Actuar antes de que sea tarde” se publicó primero en Diario y Radio Universidad Chile.