Hay cuentos que nos enseñan a esperar la llegada de un príncipe, a reconocer la belleza como una virtud y a imaginar que todo final feliz comienza con un rescate. Pero en 2001, un ogro que prefería la soledad de su pantano, una princesa que guardaba un secreto y un burro incapaz de quedarse callado llegaron para trastocar esas certezas. A 25 años de su estreno, “Shrek” continúa habitando el imaginario colectivo, convertida en mucho más que una película animada: un fenómeno cultural que cambió la manera de mirar los cuentos de hadas.

Producida por DreamWorks, la cinta irrumpió en un escenario marcado por el desarrollo tecnológico de la animación y por el protagonismo de Disney y Pixar. Sin embargo, su apuesta no se limitó a desplegar las posibilidades del CGI. Detrás de sus personajes grotescos, sus referencias a la cultura pop y su humor irreverente había también una operación narrativa: cuestionar los modelos tradicionales de los relatos infantiles y poner en el centro a quienes, hasta entonces, solían ocupar los márgenes.

Para el periodista y crítico de cine Nicolás J. Vogt, entender el impacto de la película exige mirar tanto su contexto industrial como la transformación temática que propuso. DreamWorks, recuerda, había explorado distintas posibilidades de animación, desde el 2D hasta el stop motion junto al estudio Aardman. Pero fue “Shrek” la que alcanzó una notoriedad transversal.

La película, sostiene, introdujo “un giro temático” frente a las historias basadas en cuentos de hadas que Disney había llevado a la pantalla. Su público no era necesariamente adulto ni exclusivamente infantil. Era familiar en el sentido más amplio de la palabra. Tanto quienes habían crecido con esos relatos como quienes no estaban familiarizados con ellos podían reconocer sus códigos y encontrar una historia capaz de conectar desde el humor y las emociones.



“Más allá de la nostalgia, creo que ‘Shrek’ es una película que perdura porque justamente nos entregó figuras icónicas”, afirma Vogt sobre el filme, que tendrá un reestreno en cines chilenos desde el 22 de octubre. Su singularidad estaba en recuperar personajes y convenciones conocidas para darles una vuelta inesperada. Un ogro como héroe, un príncipe que dista de ser el ideal romántico, una princesa que no responde a los cánones tradicionales y un dragón que resulta ser una dragona.

La transgresión, sin embargo, iba más allá de cambiar las características de los personajes. También implicaba revisar las ideas que los cuentos transmitían sobre la belleza, el amor y la aceptación. Si durante generaciones los relatos habían asociado el final feliz con la restauración del orden y el triunfo de lo bello, ‘Shrek’ proponía mirar desde otro lugar.

Vogt observa que incluso historias como “La Bella y la Bestia” pueden leerse desde una lógica en la que termina primando “una belleza hegemónica”. Frente a esa tradición, la película de DreamWorks abrazó la fealdad de sus protagonistas y convirtió esa diferencia en una de sus principales fortalezas.

“Abrazar la fealdad como es representada por los ogros en ‘Shrek’”, explica, permite entender a estos personajes como una representación de “la otredad” frente a los modelos tradicionales. Esa decisión, agrega, vuelve su núcleo narrativo “mucho más honesto, mucho más transversal y, por lo mismo, transgresor”.

Poster de Shrek, película animada de DreamWorks.
Poster de Shrek, película animada de DreamWorks.

La periodista y crítica de cine y series Sol Márquez sitúa esa ruptura en un momento decisivo para la historia de la animación. Durante los años noventa, Pixar había demostrado con “Toy Story” que el desarrollo tecnológico podía abrir nuevas posibilidades narrativas y conquistar a públicos más amplios. Disney, por su parte, recuperaba popularidad con sus relatos tradicionales. En medio de ese escenario, “Shrek” encontró una forma distinta de intervenir.

“DreamWorks con ‘Shrek’ va a terminar marcando un antes y un después respecto a la animación”, plantea Márquez. La película aprovechó los avances del CGI, pero su aporte también estuvo en la manera de contar la historia: “Introduce la sátira” y juega con el humor para subvertir los códigos de los cuentos de hadas.

El príncipe deja de ser una figura aspiracional; el ogro no tiene interés en convertirse en alguien distinto y Fiona no busca únicamente que la rescaten. Su recorrido también consiste en aceptarse a sí misma y encontrar a alguien que pueda quererla tal como es.

“Le interesa ser aceptada por quien es”, dice Márquez sobre la princesa, cuya historia incorpora una dimensión de autodescubrimiento. La posibilidad del amor, en ese contexto, no depende de ajustarse a una apariencia determinada, sino de reconocer la propia identidad.

La película tampoco renuncia al espectáculo ni a la construcción de personajes memorables. Su universo está poblado por figuras que, aunque secundarias, contribuyen a sostener su identidad. Burro se transforma en un compañero inseparable; la dragona deja atrás su papel de amenaza y el Hombre de Jengibre permanece en la memoria gracias a detalles tan pequeños como sus botones de gomita.

Shrek, película animada de DreamWorks.
Shrek, película animada de DreamWorks.

Para Márquez, ese cuidado explica parte de la permanencia de la película. La crítica cuenta que todavía comparte con su sobrino de siete años una referencia nacida de la cinta: cuando decoran galletas de Navidad, le cortan una patita al Hombre de Jengibre, y el niño reconoce el gesto sin haber estado expuesto a demasiadas pantallas.

“Cuando una película logra introducirse en el imaginario colectivo, hacerse parte de él y hablar del espíritu de una época, nos habla de un fenómeno que va más allá de una simple película”, reflexiona.

En Latinoamérica, además, esa conexión adquirió un sello particular. El doblaje regional, con Eugenio Derbez como la voz de Burro, acercó el humor de la película a sensibilidades locales y amplificó su capacidad de generar identificación. Vogt destaca que el personaje mantuvo rasgos de la interpretación original de Eddie Murphy, pero incorporó una espontaneidad que contribuyó a hacerlo propio para el público latinoamericano.

El resultado se extiende hasta el presente en forma de memes, referencias, poleras y una comunidad que continúa reconociendo sus diálogos y personajes. La banda sonora, las alusiones a la cultura popular y el contraste entre la fantasía tradicional y el humor contemporáneo ayudaron a convertir la película en una obra que no quedó confinada a su época.

Shrek, película animada de DreamWorks.
Shrek, película animada de DreamWorks.

Su legado también puede leerse en la apertura de nuevos caminos para la animación. Márquez advierte que es difícil atribuirle una influencia directa sobre producciones posteriores, considerando que estos proyectos pueden tardar años en desarrollarse. Aun así, cree que “Shrek” contribuyó a ampliar las posibilidades narrativas del género y a demostrar que no toda película animada debía aspirar a la perfección visual o reproducir los mismos modelos.

“Lo que hace ‘Shrek’ es pensar en cuestionar ese canon, pensar en cuestionar los tropos y los temas que estamos viendo”, señala. En esa búsqueda, la película abrió espacio para historias capaces de explorar otras estéticas, personajes imperfectos y conflictos que no se resolvieran mediante la transformación de quienes se apartaban de la norma.

A 25 años de su estreno, quizás esa sea una de las razones por las que el ogro sigue siendo reconocible para distintas generaciones. Su historia no exige que los personajes dejen de ser quienes son para merecer un final feliz. Por el contrario, encuentra en aquello que los hace distintos la posibilidad de construir una comunidad.

En un universo de princesas, castillos y finales predestinados, “Shrek” convirtió el pantano en un lugar habitable y la diferencia en una forma de pertenencia. Y mientras sus personajes sigan reapareciendo en las conversaciones, las pantallas y hasta en las galletas navideñas, su irreverencia continuará recordándonos que no todos los cuentos necesitan un príncipe para terminar bien.

La entrada Shrek a 25 años: el ogro que derribó los cuentos de hadas y conquistó la cultura pop se publicó primero en Diario y Radio Universidad Chile.