Hay dolores que no terminan en el cuerpo de quien los padece. Se extienden hacia quienes acompañan, atraviesan los vínculos familiares y dejan al descubierto las fragilidades de una sociedad que muchas veces deposita en las personas y sus entornos la responsabilidad de enfrentar la enfermedad. En “Animalito salvaje”, la poeta Gladys González parte de una experiencia íntima —el proceso de muerte de su abuelo-padre, marcado por el cáncer y una historia de abandono— para abrir preguntas que exceden los límites de su propia biografía.

El libro se inscribe en una trilogía que comenzó con “Ruido blanco” y “Estado de emergencia”, dos publicaciones escritas entre la pandemia y la revuelta social. En conjunto, las obras forman parte de una exploración literaria que González ha desarrollado durante años.

“Corresponde también a un tipo de escritura que he estado trabajando desde el año 2004, que mezcla lo biográfico con lo político y lo social”, explica la autora sobre el texto, que será lanzado en la Casa del Escritor (SECH) este viernes 16 de octubre a las 19:00 horas. En ese recorrido, la memoria ocupa un lugar central: volver sobre las relaciones familiares, revisar el pasado y observar aquello que emerge cuando la enfermedad irrumpe en la vida cotidiana.

La poeta Gladys González.
La poeta Gladys González.

En “Animalito salvaje”, ese ejercicio se detiene en la burocracia y las falencias del sistema de salud, pero también en las consecuencias que estas tienen sobre quienes atraviesan una enfermedad y las personas que los acompañan. La historia de un hombre y su deterioro físico se convierte así en una vía para observar un entramado social que, en palabras de la poeta, necesita ser examinado.

A González le interesa, en ese sentido, la autosociobiografía. Una forma de escritura que permite partir de la propia experiencia para interrogar las estructuras que organizan la vida en común. “Hablar de lo personal, pero politizándolo hacia una sociedad completa”, plantea al explicar el concepto que atraviesa su aproximación literaria.

Desde esa perspectiva, el poemario funciona como “una suerte de bitácora, de cuaderno de anotaciones, pero, a la vez, un objeto de denuncia”. La escritura registra los trámites, las dificultades y las situaciones que aparecen cuando alguien enferma, sin perder de vista las condiciones materiales que determinan cómo se vive ese proceso. “Es importante ponerle atención a lo que pasa con las personas mayores y con quienes tienen enfermedades crónicas o degenerativas”, advierte la autora.

La poeta Gladys González.
La poeta Gladys González. Foto: Ministerio de las Culturas.

El dolor que se distribuye

Uno de los ejes del libro es el trabajo de los cuidados, una labor indispensable que suele permanecer invisibilizada y recaer sobre las familias, particularmente sobre las mujeres. Cuando una persona enferma, sostiene González, las consecuencias no se limitan a su propio cuerpo: alcanzan también a quienes deben reorganizar sus vidas para acompañarla.

“Las cuidadoras también se enferman; a eso se le denomina la enfermedad del cuidador”, señala. Se trata de un desgaste emocional y físico que, aunque forma parte de la experiencia de muchas familias, no siempre encuentra un reconocimiento institucional ni un respaldo económico suficiente.

“Hay una persona que está sufriendo por una enfermedad, en este caso, cáncer, pero ese dolor se va distribuyendo”, explica la poeta. La imagen resume una de las preocupaciones centrales de “Animalito salvaje”: comprender que la enfermedad ocurre dentro de una red de relaciones y que sus efectos se expanden hacia un entorno que también necesita apoyo.

Para González, reconocer esa realidad implica discutir las condiciones en que se sostiene el cuidado. “Creo que debería regularse aquello y haber mayor ayuda, porque, si no existieran personas cuidadoras, habría una crisis en el ámbito de la salud: los servicios públicos no darían abasto”, afirma.

La reflexión adquiere especial relevancia en una sociedad que envejece y en la que los vínculos familiares no garantizan necesariamente el acompañamiento. “Tener lazos familiares o consanguíneos no implica necesariamente que alguien que se enferma o envejece vaya a ser cuidado como corresponde”, advierte.

La poeta Gladys González.
La poeta Gladys González.

Una mirada más allá de la enfermedad

Lejos de entender la enfermedad únicamente como una batalla que debe ganarse o perderse, la poeta propone revisar las metáforas con que habitualmente se habla de ella. Palabras como atacar, luchar o invadir instalan una relación de confrontación con el cuerpo que, a su juicio, merece ser reconsiderada.

También desde la cultura es posible abrir otros espacios de acompañamiento. González destaca el valor de los talleres artísticos y de las experiencias que permiten vincular la creación con la naturaleza. En su propio trabajo, cuenta, ha comenzado a explorar esa relación a través de los jardines.

“Creo que la cultura es fundamental”, sostiene. Se trata de encontrar otras maneras de estar junto a quienes atraviesan la enfermedad, reconociendo sus procesos y necesidades sin reducirlos a un diagnóstico.

En ese cruce entre experiencia individual e historia colectiva, el libro también se aproxima a una tradición literaria chilena y latinoamericana interesada en la enfermedad, las metáforas biológicas y los entornos socialmente deprimidos. La figura del abuelo, además, remite a una historia marcada por el abandono y permite a la autora incorporar una dimensión historiográfica, ligada a las condiciones sociales de otras épocas.

La entrada Gladys González y “Animalito salvaje”: la poesía frente a la enfermedad, la memoria y el abandono se publicó primero en Diario y Radio Universidad Chile.