Hay lugares que, aunque parecen pequeños en el mapa, contienen preguntas capaces de atravesar fronteras. Para el escritor portugués José Luís Peixoto, uno de esos territorios es Alentejo, la región del interior de Portugal donde nació, cerca de la frontera con España. Allí, en un pueblo que hoy tiene alrededor de 800 habitantes, comenzó a tomar forma una sensibilidad literaria que, con los años, encontraría lectores en distintas partes del mundo.
“Yo escribo bastante sobre mis orígenes“, cuenta el autor, cuya obra explora los vínculos familiares, la intimidad, la memoria y la muerte. En esos espacios cotidianos, donde las relaciones entre las personas se vuelven difíciles de separar de la historia compartida, Peixoto encuentra una materia narrativa que excede las particularidades de su propia experiencia.
Por estos días, el escritor se encuentra en nuestro país para participar de “Literatura portuguesa contemporánea: encuentro con José Luís Peixoto“, instancia organizada por la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. En conversación con Radio Universidad de Chile, reflexionó sobre los puntos de encuentro entre las comunidades rurales de distintos países y la capacidad de la literatura para transformar una experiencia local en una historia universal.

“Me parece que muchas veces las personas creen que las ciudades comparten más con otras realidades lejanas que los pequeños pueblos. Pero yo no tengo esa impresión”, sostiene. A su juicio, las comunidades pequeñas de Portugal, Chile y otros países comparten elementos fundamentales, entre ellos la relación directa con la naturaleza y la experiencia colectiva de la pérdida.
Así, por ejemplo, en un pueblo donde todos se conocen, la muerte difícilmente pasa inadvertida. “Cuando muere una de esas personas, todos reconocen su muerte y saben quién era esa persona que se perdió”, explica. La experiencia contrasta con el anonimato de las ciudades, donde los vínculos suelen ser diferentes y la desaparición de alguien puede no dejar huella en la vida de quienes lo rodean.
También cambia la relación con el tiempo. Para Peixoto, la manera en que una comunidad experimenta la muerte influye en cómo percibe el paso de los días y la continuidad de la vida. Aunque las culturas y sus detalles sean distintos, existen experiencias humanas que permiten reconocerse en realidades aparentemente lejanas.
De ahí surge una de las paradojas que atraviesan su trayectoria: la posibilidad de alcanzar lo universal precisamente a través de lo particular. “Por eso, incluso puedo decir que los libros más locales que tengo, curiosamente, son también los más traducidos y los más difundidos internacionalmente”, afirma.

Escribir para reconocernos en los otros
La literatura, en ese sentido, es para Peixoto un ejercicio de reconocimiento. Escribir sobre uno mismo puede ser una manera de acercarse a los demás, del mismo modo que observar experiencias ajenas permite descubrir aspectos de la propia identidad.
“Muchas veces escribimos sobre nosotros mismos intentando, a partir de ese ejercicio, conocer a los otros. Y también ocurre al revés: muchas veces, al intentar escribir sobre los otros, nos reconocemos a nosotros mismos”, reflexiona.
El vínculo entre la experiencia individual y la colectiva se extiende también a su relación con América Latina. El escritor recuerda especialmente una estadía de dos meses en Ciudad de México, donde participó en una residencia en la Casa Cien Años de Soledad, el lugar donde Gabriel García Márquez escribió su novela. La experiencia, cuenta, fue tan significativa como su encuentro con una ciudad “tan estimulante y exigente”.
Chile, en tanto, es un país al que ha viajado en tres ocasiones, aunque reconoce que todavía le queda mucho por conocer. Entre sus referencias literarias chilenas menciona a Roberto Bolaño y Raúl Zurita, mientras aprovecha cada visita para recorrer librerías y descubrir nuevas lecturas.
“La alegría de estar aquí es que tengo la oportunidad de llevarme libros“, comenta. Las recomendaciones recibidas durante estos días se suman a su curiosidad por una literatura contemporánea que espera seguir explorando. Su intención, dice, es regresar a Portugal con la maleta llena.

La literatura frente al vértigo
Pero si los orígenes permiten comprender una parte de su obra, la defensa de la lectura abre otra dimensión de su pensamiento: el lugar de la literatura en una sociedad atravesada por la velocidad, la inmediatez y la irrupción de nuevas tecnologías, entre ellas la inteligencia artificial.
Para Peixoto, ese contexto no vuelve menos necesaria la literatura. Por el contrario, la convierte en una experiencia fundamental para recuperar el tiempo de la reflexión y evitar que la vida quede reducida a respuestas inmediatas.
“La literatura nos organiza, nos estructura y nos regala el tiempo que necesitamos para reflexionar“, sostiene. Se trata de pensamientos que no aparecen necesariamente de forma instantánea, pero que pueden ser “mucho más hondos” y conducir a decisiones más duraderas.
Su defensa de la lectura tiene, además, un componente íntimo. Leer no es solamente acceder a historias o acumular conocimientos. Es adquirir una forma distinta de mirar el mundo, detenerse en las contradicciones humanas y descubrir perspectivas que difícilmente aparecen en medio del apuro cotidiano.
“Creo incluso que es una suerte tener la lectura en la vida“, afirma. Y profundiza en esa idea con una declaración que revela la importancia que le atribuye a los libros: “Las personas que tienen ese privilegio cuentan con una visión del mundo muy distinta, más profunda y más gratificante”
En esa defensa hay también una advertencia. “Quienes no tienen ese privilegio no saben lo que pierden y se quedan viviendo una vida mucho más superficial, mucho más hecha de instintos. En realidad, me parece una vida menos vida”, expresó. Frente a ese escenario es que la literatura conserva la posibilidad de detener el tiempo, aunque sea por un momento, y volver a mirar aquello que parecía conocido.
La entrada José Luís Peixoto y la lectura: “Quienes tienen ese privilegio cuentan con una visión del mundo muy distinta, más profunda y gratificante” se publicó primero en Diario y Radio Universidad Chile.



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