En 2017, el antropólogo francés Marc Augé patentó un concepto que, a casi 10 años, continúa siendo profundamente contingente.
Con los “no lugares“, Augé describía aquellos espacios de tránsito donde los vínculos y la construcción de identidad colectiva quedan en segundo plano. Una definición que es reconocible en sitios tan cotidianos como el Metro de Santiago, donde dicha condición se expresa también a través de los teléfonos celulares y audífonos, que parecen levantar una barrera frente al entorno y las personas que lo comparten.
Eso fue, justamente, parte de lo que retrató el fotógrafo y periodista José Miguel Izquierdo Sánchez en “Coreografías involuntarias: habitar el Metro de Santiago“, una serie en blanco y negro que reúne retratos de pasajeros capturados en distintos espacios del transporte subterráneo que estará disponible hasta el 1 de noviembre en el Centro Cultural Las Condes en el marco del Santiago Festival de las Artes (SAFA) organizado por Fundación Antenna; y que será profundizada por el autor en un conversatorio junto a su par Pablo Valenzuela Vaillant y la gerenta de Comunicaciones y Sostenibilidad de Metro, Paulina del Campo, agendado para este sábado 24 de octubre a las 12:30 horas en el mismo centro cultural.

Así, la muestra propone una mirada sobre la vida urbana contemporánea, marcada por el anonimato, la tecnología y las exigencias del ritmo cotidiano. “Quise mirar el Metro desde el punto de vista de los individuos; es decir, cómo viven las personas en este espacio donde estás con mucha gente, pero te relacionas muy poco“, expresó el artista en conversación con Radio y Diario Universidad de Chile. “Hay un espacio de coexistencia física, pero no se completa la relación humana, que está definida por la comunicación, la formación de identidad y la creación de una historia conjunta. Más bien, las personas habitan estos espacios y se transforman en individuos meramente en tránsito”.
Sin embargo, Izquierdo también quería resolver lo que él mismo define como un “problema visual“, y que tiene que ver con observar la apatía social en un contexto de saturación humana. “Con el ‘bip’, las personas parecieran comprar un contrato de anonimato, como si no fueran vulnerables al otro. Se ponen sus audífonos o miran la pantalla y parecen tener ahí un escudo contra la mirada ajena, contra lo que le pasa al otro”, definió.
“Eso es también una metáfora de cómo se vive. No exclusivamente en el Metro, aunque ahí resulta más dramático porque también juega mucho la arquitectura, la luz fría, el brutalismo, el hormigón a la vista, que exacerba esa frialdad y esos gestos. Es una forma de existir a medias cuando el ser humano, creo yo, renuncia a estar con el otro, a conectarse con el otro”, situó Izquierdo.

En eso, hay una anécdota que resulta ilustrativa: “Me pasó que había un joven sentado con las piernas abiertas, apoyado en la pared, con su celular conectado a un enchufe que estaba a nivel del piso. Estaba mirando su teléfono. Le hice fotos de lado, después me puse al frente, después prácticamente me puse encima de él, y no se dio cuenta de que le estaba sacando fotos, por lo absorto que estaba”.
La antropología de la soledad digital
Allí es donde aparece otra dimensión plasmada en esta serie, relacionada al concepto de la “soledad digital“. “Es esta idea de que estamos juntos, pero solos. Básicamente, este espacio nos hace compartir un viaje, pero solo físicamente; no estamos juntos en un relato. Por eso, la mirada del otro aparece como una amenaza, y mucho más la de una cámara”, explicó.
Eso es parte de lo que el mismo Izquierdo pudo constatar durante el proceso de recolección de las fotografías. “En algunas hay individuos agachados que parecieran no tener cabeza, gente que se funde con la materialidad del Metro, que habita distintos niveles, que entra a un espacio que parece una caverna. Hay una masa de gente cansada a las siete de la mañana”, detalló.
Ahí es donde la cámara juega un rol dual, que puede despertar la simpatía y la apatía de quienes se ven retratados. “Primero, cuando te acercas a una persona que parece estar muy segura dentro de su entorno propio, como si tuviera una coraza, y de pronto se encuentra con una cámara, vuelve a la autoconciencia de golpe. La sorpresa hace que cambie la mirada y surjan rostros bastante dramáticos. No son poses creadas para la cámara. Hay un autor que decía que, cuando una persona es retratada, genera una micro coreografía para el lente. De ahí me agarro yo para decir que estas son coreografías involuntarias“, explicó el fotógrafo.

“Por otro lado, también pasaron anécdotas: gente que rechaza la cámara, que te encara o que se tapa el rostro. Pero lo que más ocurrió —y de ahí vienen las anécdotas buenas— es que te encuentras con quienes posan para la cámara, que te saludan. Lamentablemente, esas personas no son objeto de mi muestra, pero se repite mucho más la gente que reacciona bien que la que reacciona mal”, contrastó.
Aunque lo cierto es que, en general, la sensación es la de individuos que no quieren ser observados. “Tenemos un sentido de la privacidad y de la individualidad demasiado definido, como si no provocáramos nada en los demás ni quisiéramos que ellos provocaran algo en nosotros”, resumió Izquierdo. Por eso, la mirada de un “otro” aparece como una suerte de amenaza.
Todo lo anterior hace que el Metro se perfile como un lugar más que acertado para registrar este tipo de imágenes. “También tiene algo maravilloso poder utilizar este espacio, porque es muy cotidiano. Entonces, es fácil hacer que la gente se meta en la fotografía o vea en ella una situación que ya vivió”, comentó Izquierdo.
“La fotografía tiene esa dimensión muy rica: presenta una situación, un momento, y la persona puede reconocerlo fácilmente como algo cercano a sí misma. A partir de eso, puede decirle algo a una persona u otra, dependiendo de quién esté observando y de cuál sea su experiencia. Lo que busco es exponer a la gente a esas situaciones, de tal manera que pueda reflexionar sobre qué significa el espacio público en su vida“, concluyó.
La exposición “Coreografías involuntarias: habitar el Metro de Santiago” cuenta con curatoría de Miguel Ángel Larrea y texto de Alejandra Novoa Echaurren, Dra. en Filosofía.
La entrada José Miguel Izquierdo retrata la soledad en el Metro: “Estamos juntos, pero solos” se publicó primero en Diario y Radio Universidad Chile.





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