Para Edith Fischer, una de las artistas más importantes de la música chilena, resulta imposible concebir una vida sin el piano. Algo que no es extraño, pues se trata del instrumento que la ha acompañado durante más de siete décadas de carrera, y que incluso la llevó a ser una de las discípulas del ineludible Claudio Arrau en Nueva York durante su adolescencia.

Una relación con su instrumento que, sin embargo, no ha hecho más que fortalecerse con el tiempo. “La verdad es que sigo sintiendo la misma necesidad de búsqueda de perfección para poder dar lo que creo que está escrito ahí en las partituras“, confesó Fischer. “Y tengo la misma felicidad y el mismo entusiasmo que cuando tenía ocho años, porque la verdad es que no me acuerdo cuándo empecé a hacer música. Lo he hecho toda la vida y me costaría mucho despertarme y no saber qué es lo que voy a estudiar primero“.

“A pesar de que he hecho una vida normal también de mujer”, añadió”. “Tengo tres hijos, seis nietos, y que eso fue evidentemente muy importante y también cambió mucho mi manera de sentir y de hacer la música. Pero es muy difícil para una mujer combinar todas esas cosas y espero no haberlo hecho demasiado mal. Mi hija es pianista y los otros dos aman mucho la música, así que parece que no les molestó mi obsesión”, concluyó entre risas.

Parte de esa historia será protagonista de “Una vida en el piano”, nombre de su próximo concierto en el Teatro CA660 agendado para el 6 de octubre, y que incluirá piezas de Felix Mendelssohn, Robert Schumann y Johannes Brahms.

Edith Fischer, pianista.
Edith Fischer, pianista.

“Son obras que estudié cuando empecé a tener clases con Claudio Arrau en Nueva York, cuando yo tenía 17 años, y él me eligió esas piezas. La verdad es que le he agradecido toda la vida por haberlo hecho, porque las quiero mucho”, recordó la intérprete.

Pero más allá de su propia conexión con estas piezas, lo cierto es que Fischer reconoce en la música un lenguaje universal que la ha hecho conectar con personas de diversos orígenes y nacionalidades en todo el mundo. “Esa es la maravilla que uno siente”, sentenció. “Yo he viajado muchísimo y es maravilloso pensar que se puede tener un contacto con algo profundo en las personas en cualquier parte del planeta“.

“Creo que es muy necesario en el mundo actual, donde la gente tiene menos contacto directo con otras personas y más a través de los aparatos tecnológicos”, dijo.

Es en ese sentido que la artista destacó el entusiasmo de los públicos en torno a instancias como esta. “La gente, a pesar de todo lo que se desvían sus intereses hoy en día, tiene una necesidad profunda de arte y de expresión, y eso no lo van a poder cambiar nunca, porque es intrínseco al humano“, aseguró.

Y ejemplificó: “Yo pienso que cuando la primera mujer primitiva trató de acallar a su niño que lloraba y le hizo una canción, sin saber lo que era la música, empezó este arte que no nos ha abandonado nunca”.

Edith Fischer, pianista.
Edith Fischer, pianista.

Una vida junto al piano

A la hora de repasar su vínculo con la música, Fischer revela que no se trata de una cuestión estática. Por el contrario, ve en sus interpretaciones de las partituras una constante evolución que no tiene que ver solo con el paso del tiempo.

“Una obra siempre es más grande que nosotros mismos y, entonces, para llegar a entender lo que el compositor quiso con todos estos puntitos y rayitas negras que se leen en una partitura, hay que tratar de ver por qué escribió de esa manera, en qué momento, dónde, qué influencias pudo tener, incluso en qué tipo de naturaleza él vivía y qué lo impresionaba”, detalló.

“Todo eso hace que, poco a poco, uno trate de entender más profundamente el mensaje del compositor. Y esa es la importancia de nosotros, los intérpretes. Una cosa es poder tocar las notas en el piano —algunos lo hacen muy bien, muy rápido y todo—, pero después viene, para el intérprete, esa responsabilidad enorme de tratar de entender qué significa la música que está tocando y de transmitir ese mensaje”, clarificó sobre dicho rol.

“Por supuesto, a medida que nos alejamos de los compositores en el tiempo es cada vez más difícil. O sea, es más simple entender lo que quiere un contemporáneo, con el que uno puede casi conversar y preguntárselo, que entender, por ejemplo, qué quería Bach, que tenía otros instrumentos”, ejemplificó respecto a las distancias temporales.

Algo a lo que también se suma la relevancia propia de la experiencia en vivo que, en palabras de Fischer, es única e irrepetible por definición. “La tecnología ha ayudado mucho a dar a conocer la música, porque la gente ahora puede tenerla en su casa. Pero lo que pasa es que, en cada concierto, yo tengo la impresión de que se produce un diálogo muy misterioso, muy difícil de explicar, entre el público y el artista“, compartió.



“Y uno nunca puede tocar idéntico en dos lugares diferentes y con otro público. Algo se siente, algo pasa que hace que haya un mensaje que va y vuelve, una conversación, si se quiere. Y entonces eso produce algo muy mágico. A veces, aunque la interpretación pueda ser menos perfecta que la del disco —que está estudiado, arreglado, etcétera—, el mensaje que reciben directamente de un intérprete no se puede comparar. O sea, va a haber siempre algo más fuerte ahí que en cualquier interpretación maravillosa que esté grabada”, afirmó.

Por último, la artista también dedicó unos minutos para mirar en retrospectiva las enseñanzas que todavía conserva de un maestro tan fundamental como lo fue Claudio Arrau. “Los maestros son sumamente importantes porque te ayudan a tener los medios para transformarte en lo que uno quiere, pero sobre todo como ejemplo de estética artística”.

“Porque Arrau no solo era un maestro extraordinario transmitiendo lo que él sabía y había descubierto en una vida entera de búsqueda para hacer las cosas lo mejor posible, sino que, además de su estética como músico, su respeto al compositor, a las partituras, tengo que decir que además tenía respeto por los alumnos, en el sentido de tratar de ver quiénes éramos y qué era lo que nosotros teníamos para expresar. Él nunca trató de producir una imitación de lo que él pensaba, sino de despertarnos a reflexionar por nosotros mismos y a tener una personalidad respetuosa y al servicio de la música“, cerró Fischer.

La entrada El vigor inagotable de Edith Fischer: “Me costaría mucho despertarme y no saber qué es lo que voy a estudiar primero” se publicó primero en Diario y Radio Universidad Chile.