Mientras en la guerra entre Rusia y Ucrania se vuelve a abrir una ventana de oportunidad para la paz tras casi cinco años de enfrentamientos, el escenario de Medio Oriente avanza en sentido completamente contrario, y ambas situaciones ejercen una presión extra sobre el mercado.
Las amenazas de una nueva escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán dispararon los precios del petróleo y golpearon a los mercados bursátiles internacionales, especialmente al sector tecnológico, que este jueves registró una de sus peores jornadas de los últimos meses.
Ambos conflictos están conectados por una creciente crisis energética que condiciona las decisiones de las principales potencias. Para el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, el problema resulta especialmente urgente ante las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre. El encarecimiento del petróleo y, particularmente, del diésel afectan a sectores agrícolas, industriales y del transporte, sobre todo de estados clave como Iowa u Ohio, fundamentales para los republicanos que no logran repuntar en las encuestas para las elecciones legislativas.

Después de casi ocho meses de guerra con Irán, Washington todavía no consigue restablecer la normalidad en el estrecho de Ormuz, por donde transitaba más del 20% del comercio mundial de petróleo antes del conflicto. A esta situación se suman los ataques ucranianos contra refinerías rusas, que han afectado la capacidad energética del Kremlin.
El nuevo giro de Trump con Ucrania
Esta combinación explica buena parte del reciente giro diplomático de Trump. Después de meses de acercamientos, amenazas de sanciones y respaldo militar a Ucrania, Washington volvió a privilegiar el entendimiento con Moscú.
El 9 de octubre Casa Blanca anunció un acuerdo para exportar diésel ruso a EE.UU. nuevamente y exigió a Volodímir Zelenski detener sus ataques contra instalaciones petroleras rusas. Ucrania rechazó suspenderlos unilateralmente, porque considera que estas operaciones permiten reducir los ingresos que financian la ofensiva rusa y condicionó la acción a que Rusia también haga concesiones.

Durante las semanas siguientes, la presión estadounidense sobre Kiev se intensificó. Ucrania denunció restricciones en los sistemas satelitales Starlink y Starshield, los servicios de la empresa de Elon Musk, SpaceX, que son vitales para las comunicaciones, defensa y operación de drones de Ucrania. Además surgieron informaciones sobre posibles limitaciones al intercambio de inteligencia estadounidense. Aunque Trump negó haber ordenado estas medidas, también suspendió nuevas sanciones contra Moscú.
Este miércoles, Putin recibió al enviado estadounidense Steve Witkoff y ambas partes abrieron la posibilidad de retomar negociaciones trilaterales junto con Ucrania durante noviembre. Rusia exige controlar completamente Donetsk y garantías de que Ucrania no ingresará a la OTAN, mientras Zelenski planteó congelar las actuales líneas del frente sin reconocer formalmente pérdidas territoriales.
El escenario de Medio Oriente
Este intento por acelerar una salida diplomática contrasta con lo que ocurre en Medio Oriente, donde las tensiones volvieron a intensificarse durante la semana. Los miembros de Ansar Allah, más conocidos como hutíes, de Yemen, aumentaron sus ataques contra Arabia Saudita, incluso contra instalaciones vinculadas a la industria petrolera. La empresa estatal Saudi Aramco ordenó evacuar su sede en Dhahran, mientras Washington dispuso la salida de personal diplomático no esencial.
Paralelamente, continúan los incidentes contra embarcaciones comerciales en el Golfo, sobre todo en torno al estrecho de Bab al-Mandab y las amenazas sobre rutas marítimas fundamentales para el transporte energético.

Pero la principal preocupación apunta a una nueva ofensiva estadounidense e israelí contra Irán. Durante los últimos días, medios como Financial Times y ABC News informaron sobre planes militares para ejecutar nuevas operaciones durante las próximas semanas. Aunque el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu negó estas versiones, las informaciones apuntan a que Trump habría buscado evitar una ofensiva antes de las elecciones estadounidenses.
Israel también enfrentará comicios parlamentarios el 27 de octubre, en los que Netanyahu se juega su continuidad. El primer ministro ha endurecido nuevamente su discurso contra Teherán, incluso volviendo a referirse a la necesidad de un cambio de régimen..
Irán, por su parte, ha respondido con la amenaza de escalar el conflicto en la región y hacer económicamente muy costosa la guerra. Este jueves, autoridades iraníes advirtieron que una nueva ofensiva podría desencadenar ataques contra instalaciones petroleras, centros de datos, infraestructura de inteligencia artificial y cables submarinos en hasta siete países del Golfo.
La estrategia busca elevar el costo de una intervención militar y demostrar que los países que faciliten operaciones estadounidenses tampoco quedarán al margen de sus consecuencias. Aunque Teherán mantiene abierta la posibilidad de negociar mediante intermediarios como Qatar y Pakistán, pero deliberadamente la retrasa hasta después de las elecciones en EE.UU.
El golpe en los mercados
Esta combinación de acontecimientos terminó por trasladarse a los mercados internacionales. El jueves, el petróleo Brent aumentó aproximadamente un 4%, hasta alcanzar los 113 dólares por barril. Pero este viernes las cotizaciones comenzaron a acercarse a los 120 dólares, ante el temor de nuevas interrupciones en el suministro. Un encarecimiento que amenaza con profundizar la inflación mundial, elevar los costos industriales y del transporte, y complicar las perspectivas económicas de países que dependen de las importaciones energéticas.

Sin embargo, las pérdidas estuvieron especialmente concentradas en las grandes compañías tecnológicas y los fabricantes de semiconductores. Índices como el Nasdaq sufrieron su mayor caída diaria desde junio, mientras el S&P 500 registró su peor sesión desde julio. El golpe más significativo lo recibió el índice de semiconductores de Filadelfia, que perdió cerca de un 7% en una sola jornada.
Al precio del petróleo se suman las crecientes dudas sobre la rentabilidad de las inversiones multimillonarias en inteligencia artificial. Durante los últimos años, las grandes empresas tecnológicas destinaron enormes recursos a centros de datos, procesadores e infraestructura, impulsando sus valorizaciones bursátiles. Sin embargo, comienza a crecer la incertidumbre sobre cuánto tiempo necesitarán para obtener beneficios suficientes que justifiquen esas inversiones. El encarecimiento de la energía agrega una dificultad adicional, considerando las enormes necesidades eléctricas de los centros de datos.
Por lo tanto, los mercados enfrentan dos crisis simultáneas. Por un lado, el riesgo de una escalada militar que mantenga elevados los precios energéticos, sin que aún la alternativa rusa sea suficiente para satisfacer la demanda estadounidense. Mientras que por otro, las crecientes dudas sobre la sostenibilidad del auge de la inteligencia artificial. Su coincidencia explica la intensidad de las pérdidas y la incertidumbre que persiste este viernes.
Así, mientras Trump busca un entendimiento con Rusia que contribuya a aliviar la presión sobre el mercado petrolero, una eventual ofensiva contra Irán amenaza con frustrar esos esfuerzos. Dos guerras que parecen avanzar en direcciones diferentes, pero cuyas consecuencias económicas terminan entrelazadas, precisamente cuando las decisiones militares y diplomáticas están cada vez más condicionadas por los calendarios electorales de Estados Unidos e Israel.
La entrada Entre Rusia e Irán: el giro de Trump por el petróleo y el nuevo golpe a los mercados se publicó primero en Diario y Radio Universidad Chile.






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