En la casa de la artista Delia del Carril, donde Pablo Neruda comenzó a escribir “Canto general” y desde donde alguna vez escapó para eludir la persecución política, ensayan hoy los músicos de Inti-Illimani, uno de los conjuntos musicales más importantes de nuestra historia. Es un lugar cargado de memoria, de literatura y de música. Y también un escenario apropiado para hablar de Patricio Manns, pues en torno a su figura parece ocurrir algo parecido: las historias, las canciones y los recuerdos se superponen hasta construir un territorio propio.

Este 25 de septiembre se cumplen cinco años de la muerte del destacado músico, escritor y compositor chileno. A un lustro de su partida, tres integrantes de los Inti -Jorge Coulon, Marcelo Coulon y David Azán- recuerdan al hombre detrás de las canciones y vuelven sobre una obra que, aseguran, todavía necesita ser escuchada, leída y transmitida a las nuevas generaciones.

Quizás una de las mejores maneras de recordar a Manns sea a través de sus historias. Jorge Coulon cuenta que, durante el exilio, el compositor decidió trasladar de noche y prácticamente de contrabando el departamento donde vivía en Ginebra. Cruzaron la frontera entre Suiza y Francia por pasos que durante el día tenían guardias, pero que de noche quedaban vacíos.

“Bueno, no sé qué sentido tenía hacerlo, pero fue toda una aventura que Manns, naturalmente, después contaba como una epopeya, así, increíble”, recuerda. La anécdota condensa una característica que sus amigos y compañeros reconocen inmediatamente: Manns era un fabulador. “Él era un creador de mitos”, dice Jorge.

Hasta sus propias experiencias parecían crecer al ser narradas. Coulon recuerda, por ejemplo, la historia de la vez que Manns cayó al Mar del Norte y sobrevivió durante horas en las aguas heladas, con una pequeña petaca de ron.

“Las 12 horas y la sobrevivencia han sido menos épicas que lo que él contaba”, comenta entre risas. Pero esa capacidad para convertir la realidad en relato convivía con una enorme rigurosidad. Marcelo Coulon recuerda que Manns podía escuchar una canción y detectar inmediatamente aquello que no funcionaba. Una vez, Marcelo le mostró una melodía a la que había puesto palabras que consideraba bonitas.

Patricio Manns, destacado cantautor.
Patricio Manns, destacado cantautor.

Manns no estuvo de acuerdo. “‘No puedes juntar puras palabras bonitas’. La otra es que: ‘¿Cómo podía ser una introducción tan bonita y una canción tan penca?’. Así era”, recuerda Marcelo.

Para David Azán, esa exigencia era parte de una inteligencia creativa excepcional. “Era un tipo extremadamente brillante, lúcido, que sería la inteligencia artesanal al máximo, por así decirlo. Un tipo que era una especie de escáner entre la geografía humana, la geografía social, los territorios. El tipo leía y después toda esa información la transformaba poéticamente en canciones. Era una cosa alucinante”.

Manns observaba, acumulaba y después transformaba. Esa operación está en el centro de su obra y también en su relación con el lenguaje. Marcelo Coulon recuerda que desde muy joven estuvo preocupado por enriquecerlo y por encontrar palabras capaces de sostener una canción.

“Él tenía la musicalidad necesaria como para soportar el peso de una palabra que era nueva en el uso común”. Por eso, dice, podía detenerse durante horas buscando una palabra.

“La última canción que hizo Manns la hizo con música de David, cuando ya quedaba poquito tiempo antes de morir. La hizo delante de todos nosotros, a mano alzada, pero buscando la palabra justa y cómo poner el detalle justo”.

Ese cuidado aparece incluso en “Cantología“, el libro que Marcelo Coulon recomienda para acercarse a Manns desde una perspectiva distinta: leer sus canciones como poemas. “Van a encontrar frases increíbles, que seguramente escucharon en la canción y la sobrevolaron por un mal arreglo o por lo que sea, pero ahí están esas frases increíbles”.

Una de ellas: “El cero es el silencio antes del número”. Jorge Coulon suma otra: “La música es la matemática transida por la emoción”. Son frases que ayudan a entender a un artista que nunca aceptó demasiado bien las fronteras entre música y literatura.

Patricio Manns, destacado cantautor chileno.
Patricio Manns, destacado cantautor chileno.

El encuentro con Inti-Illimani

La historia de Manns e Inti-Illimani también fue, en buena medida, un encuentro de exigencias. El grupo ya lo admiraba antes del exilio y, durante los años setenta, incluso intentó convertirse en su conjunto de apoyo. El vínculo se consolidaría años después, en Roma, cuando Inti-Illimani lo invitó a trabajar en el que en ese momento era su nuevo disco, Canción para matar una culebra (1979).

Manns atravesaba entonces un momento complejo y el grupo vivía el desgarro del exilio. De ese encuentro surgieron canciones como “Vuelvo” y “Retrato”, pero también una nueva manera de pensar el quehacer artístico.

Jorge Coulon explica que el grupo se preguntaba si debía encerrarse en la nostalgia por Chile o continuar creando desde el lugar en que se encontraba. “Decidimos vivir el exilio con las ventanas abiertas, no transformarnos en un ente cerrado. La música que entrara o la realidad que entrara por la ventana era nuestra realidad”.

En ese contexto, Manns elevó también las exigencias literarias del conjunto. “Creo que es el que más incentivó las buenas letras dentro del conjunto. Jorge empezó a escribir con más propiedad, igual que José, y la rigurosidad de Manns hizo poner la vara alta”, dice Marcelo Coulon.

Azán, que trabajó con Manns en una etapa posterior, observa aquel encuentro como una combinación excepcional. “Los dos grandes exponentes se juntan, y no siempre sale un buen resultado. Entonces aquí se dio la fortuna, porque estaban conectados, estaban pasando cosas difíciles también”.

Y si existe una imagen de Manns que Azán conserva especialmente, es la del hombre que, pese a su apariencia ruda, podía ser profundamente afectuoso. “La gente se queda con esa imagen ruda de él, pero era un tipo cariñoso, fantástico”.

Inti Illimani y Patricio Manns.
Inti Illimani y Patricio Manns.

Una obra que todavía interpela

Para sus compañeros, reducir a Manns a las letras que escribió para Inti-Illimani sería otra forma de injusticia. “Hay una injusticia hacia Manns: el hecho de que estaban los textos de Manns y la musicalización de Inti-Illimani, o de los músicos de Inti-Illimani”, plantea Jorge Coulon.

“Él tiene canciones muy anteriores a la colaboración con nosotros, y también posteriores, cuya música es de Manns, y son tremendas canciones. O sea, no hay que subvalorar al Manns músico, en absoluto”, explican sus compañeros.

A la hora de repasar su propia cercanía con esa extensa obra, David Azán escoge “Valdivia en la niebla” como una de las canciones que más lo conmueven. “Me centro en eso y es como imaginándome en el bote cantando la canción y yo alucino con él. Me encanta”.

Marcelo Coulon, en tanto, recuerda “La desaparición de Josefina”, mientras que David vuelve también a “Llegó volando”, aquella canción con la que acostumbraba cerrar sus conciertos.

“Imagínate, tantos años tocándola, cerrando los shows, y es una canción que a mí me quedó también a fuego, así tatuada”, retrata el músico. Con el tiempo, Azán despojó la canción de sus arreglos y la llevó a la guitarra. Y allí volvió a encontrarse con una certeza: las canciones de Manns podían sobrevivir incluso cuando se les quitaba todo lo demás.

“Las veces que la he cantado en vivo, se produce en la gente como que no aguanta las ganas de cantar la canción. Se produce una cosa muy especial”, manifiesta. Y quizás ahí esté una de las claves de su vigencia, pues en un tiempo marcado por la velocidad y la inmediatez, la obra de Manns obliga a detenerse.

El destacado músico y poeta Patricio Manns.
El destacado músico y poeta Patricio Manns.

“Manns es todo lo contrario. Hay que leerlo con cariño, hay que leerlo con atención, hay que escucharlo y eso es lo que tenemos que resguardar nosotros”, sostiene Azán. “Un tipo que te está interpelando todo el rato. Bueno, un artista de tomo y lomo. Sus canciones rompen con todo”.

Cinco años después de su muerte, permanece también la pregunta por el reconocimiento que no recibió en vida. Manns fue postulado al Premio Nacional de Literatura y al de Música, pero nunca obtuvo ninguno. Para Jorge Coulon, esa ausencia habla de una deuda institucional.

“A Manns, su pueblo le ha hecho justicia”, dice, comparándolo con Violeta Parra y Víctor Jara. Marcelo Coulon cree que todavía existe una forma de reparar esa deuda: llevar su obra a las escuelas.

“Todavía hay tiempo para reparar”, expresa. En tanto, Azán lo plantea de otra manera. Para él, el propio carácter interpelador de Manns explica por qué su obra sigue siendo necesaria.

“Además, Manns es un tipo peligroso en estos días, porque es un tipo que te educa y te enseña a través de la canción”, dice. Quizás esa sea, finalmente, la mejor forma de entender su permanencia. No solamente como el autor de algunas de las canciones más importantes de la música popular chilena, sino como un creador que obligaba a mirar dos veces, a escuchar con atención, a buscar una palabra desconocida y a descubrir detrás de un paisaje una historia.

Jorge Coulon tiene una imagen para describirlo: “Conversar con él era una permanente erupción. Siempre he dicho que Manns era un volcán en erupción, permanente”. Cinco años después, ese volcán sigue hablando.

Y para quienes compartieron escenario y trabajo con él, la tarea ahora es que siga haciéndolo. “Yo me sentía como un guardián de la obra de él”, dice Azán. “Seguir cantando a Manns por siempre, y ojalá llevarlo más a la escuela”.

 

La entrada El hombre, las canciones y el volcán: cinco años sin Patricio Manns se publicó primero en Diario y Radio Universidad Chile.